"Boliche", el histórico pueblo sereno y agrícola del Guayas

- 15 de septiembre de 2019 - 14:01
En el interior de la comunidad, el verdor del campo agrícola forma paisajes maravillosos. Uno de ellos está en el recinto Buena Fe.
Fotos: Cortesía

La mayor parte de esta parroquia de Yaguachi está dedicada a cultivos como banano, arroz y caña de azúcar. El 11 de julio cumplió 127 años de vida. Por su territorio cruza el río Bulubulu.

A 27 kilómetros del cantón Durán (Guayas) se encuentra un pueblo que al poco tiempo de conocerlo ya te envuelve en su mágico verdor, serenidad, amabilidad y su rica y poca explotada historia de tribus y batallas.

Aunque todos lo conocen como “Boliche”, su nombre es parroquia Gral. Pedro J. Montero, en honor al político liberal y militar ecuatoriano, oriundo del cantón Yaguachi, y que en épocas de la Revolución Liberal de 1895 lo llamaban “El Tigre del Bulubulu”.

Conocí aquel lugar un domingo 14 de julio. Fui por la invitación de mi amigo Alexis, quien siempre me decía que su “Boliche” no tenía nada que envidiarle a ningún otro pueblo.

“Bueno, no creo que sea para tanto”, le refuté, a lo que me respondió: “Solo venga y usted verá de qué le hablo”.

Tras las indicaciones de mi amigo, dejé Durán a las 10:10 desde la terminal terrestre de dicho cantón.

Un bus de la cooperativa Santa Martha fue el vehículo que me transportó hacia el territorio a explorar.

Creo que íbamos 15 personas en el bus y en compañía musical de un mix de cumbia y merengue que el chofer decidió poner para “hacer placentero el viaje”.

Como ya es costumbre, cada 11 de julio “Boliche” celebra sus fiestas de parroquialización con desfiles, juegos tradicionales y bailes populares.  (foto)

Tras cerca de 30 minutos, lo primero que observo al llegar es un simpático pórtico de color rojo con verde, en honor a su bandera y escudo, y en la mitad una pintoresca figura ecuestre del Gral. Montero, vestido de militar.

Las primeras casas a la vista reflejan que lo moderno dejó en el pasado, hace ya varios años, las tradicionales viviendas de caña.

“Lo mismo verás si te das una vuelta por los recintos de la parroquia”, comentó Diego, primo de Alexis, con quien me esperaban en la esquina del parque del pueblo.

En el lugar hay plantas ornamentales, palmeras, árboles de almendra y uno que otro de mango, cuyos frutos se apreciarán dentro de poco.

En la mitad existe un busto del Gral. Montero, con su mirada puesta en el extenso verdor agrícola que posee esta parroquia de cerca de 9.500 habitantes.

Además, se observa al muy nombrado río Bulubulu, que en épocas de invierno se convierte en la mayor preocupación de los agricultores y de poblados cercanos.

A pocos metros del parque está el Cuerpo de Bomberos, cuya edificación fue construida por algunos de sus moradores allá por 1959.

Su primera motobomba, de color roja, es actualmente parte de un pequeño jardín ubicado entre las cuerdas de fierro que sostienen el puente peatonal colgante que une a “Boliche” con algunos de sus 17 recintos.

Pero, ¿por qué le dicen “Boliche” al pueblo?, pregunto. Tras unas cuantas risas, mis amigos mencionan que hay dos historias sobre el tema.

Primero, que sería por los remolinos o boliches que se forman cuando el caudal del Bulubulu aumenta.

El segundo relato, poco lógico, dice que es porque en tiempos pasados habitaba en estas tierras una tribu llamada Cayapas Colorados.

Prueba de ello son los múltiples vestigios arqueológicos que aún pueden verse a lo largo de los 125,92 kilómetros cuadrados que tiene de territorio esta parroquia.

En el interior de la iglesia central se encuentra el patrono del pueblo, San Andrés. En noviembre son sus fiestas (foto).

“Si uno excava un hueco, a los pocos metros ya encuentra alguna vasija de barro o restos de ella. Años atrás, una familia encontró una hacha pequeña de oro cuando araba sus tierras”, contó Alexis.

Se dice, además, que Eloy Alfaro y sus montoneros habrían usado estas tierras como campamento en épocas de la Revolución Liberal.

También, que antes el pueblo se llamaba Riveras de San Andrés de Boliche, pero que desde el 11 de julio de 1892 se erigió como parroquia Gral. Pedro J. Montero.

Tras esa entretenida historia tomamos el auto de Diego, un spark color blanco, para recorrer algunos de los recintos de “Boliche”.

Al salir, tipo 12:00, con el Sol ya en su cenit, lo primero que vi fueron extensas hectáreas de banano, seguramente el mayor cultivo agrícola de la zona. Barrio Lindo fue el primer recinto que vi, un pequeño cacerío envuelto entre árboles autóctonos de la zona.

Metros más adelante, tomamos un camino asfaltado, y el verdor de la comunidad engalanó mi vista, teniendo como fondo las montañas del callejón interandino. El paisaje era espectacular.

“En noches de estrellas podemos ver, desde el puente colgante, las luces de los autos bajar y subir hacia la Sierra”, comentó Alexis.

Al pasar por los recintos Buena Fe, Samborondón, La Violeta y otros, observé cientos de hectáreas de caña de azúcar, arroz, cacao, algo de plátano y árboles frutales, como mango, guaba, grosellas, poma rosa, etc.

Hubo un momento en que nos detuvimos frente a un arrozal, y la sombra de los árboles nos permitió recibir y respirar el aire fresco, puro y placentero del campo.

Al retornar, cerca de las 16:00, me recibió una maravillosa brisa proveniente de los cerros de Churute, como diciendo “regresa pronto” a un pueblo que no tiene nada que envidiarle a otros del Guayas. (I) 

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