El Faro ubicado en la cumbre del Cerro Santa Ana, centro de la urbe, está cerrado por mantenimiento, luego de que sus paredes fueran manchadas con marcadores y garabatos con pintura.
En un reportaje publicado por El Telégrafo hace más de 20 días se evidenció que tanto el interior de ese ícono como su balcón tenían una serie de leyendas que, incluso, impedían apreciar el paisaje a través de un ventanal.
Los moradores del lugar aseguraron que durante la ausencia de guardianía privada, por cerca de dos meses, fue cuando aprovecharon los grafiteros para agredir la obra municipal.
Según un comunicado del Municipio, algunos jóvenes que incurrieron en la falta, colaboraron con su trabajo comunitario pintando nuevamente las paredes del faro y eliminando las leyendas que habían dejado impresas.
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