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Intelectuales de Guayaquil (II Parte)

06 de noviembre de 2012 00:00

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En la otra cara del caleidoscopio intelectual del Guayaquil, a bastante distancia de los modernistas, están los científicos sociales, quienes a inicios del siglo XX se sienten cercanos al positivismo. Quizá el más brillante de ellos es Alfredo Espinosa Tamayo, médico, sociólogo, pedagogo e higienista guayaquileño quien en Psicología y sociología del pueblo ecuatoriano, su obra fundamental, interpreta los entresijos de las identidades ecuatorianas.

Espinosa Tamayo se graduó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Guayaquil y ejerció allí como profesor. Su esclarecido humanismo le permitió abrirse a la sociología y la psicología social, con un pensamiento reflexivo precedido por la observación de la realidad, así como indagar en el problema de la educación. Su magisterio universitario concitó interés entre los jóvenes estudiantes de Medicina y Jurisprudencia, carreras que ofrecía el “alma máter” porteña, a inicios del siglo pasado.      

Algunos discípulos de Espinosa Tamayo crearon revistas científicas y literarias donde escribieron artículos sobre temas sociales. Estos jóvenes formados en el liberalismo laico publicaron, en 1912, la Revista de la Asociación Escuela de Derecho de la Universidad de Guayaquil, con el objetivo de que “tenga un carácter exclusivamente científico, a efecto de que venga a llenar siquiera sea modestamente, la gran laguna que en punto a esta clase de publicaciones se observa en el país”, lo cual constituyó un hito en la formación de la academia guayaquileña dedicada al estudio de lo social. De hecho, la Revista de la Asociación Escuela de Derecho, cuya periodicidad era mensual, no solo incluía disertaciones jurídicas, sino también estudios sociológicos. En la nómina de colaboradores destacaban figuras que con el tiempo demostrarían su cercanía a la filosofía, la sociología y la antropología.

En 1919, por su parte, se empezó a publicar la Revista del Colegio Nacional Vicente Rocafuerte, que difundió ensayos y estudios de los profesores y “mejores alumnos” del plantel. Esta revista se desplazó del perfil positivista que mantuvo en los primeros años, cuando en la década del treinta y cuarenta, los destacados escritores del “Grupo de Guayaquil”, en calidad de profesores, publicaron relatos y ensayos literarios.

La aparición de estas revistas, así como de órganos escritos en círculos obreros, feministas y de todo tipo, tuvo que ver no solo con la constitución de esferas públicas, sino con la formación de campos autónomos donde estos ciudadanos actuaban como sujetos pensantes, bajo cierto perfil pedagógico orientado a incorporar a las masas al proyecto civilizatorio de la modernidad.

Pero también están los intelectuales formados en el liberalismo laico que en los años treinta se convertirían en escritores bajo la influencia de las ideas marxistas. Estos actores culturales abrazarán el paradigma de lo social y conformarán la generación literaria y artística más vigorosa del siglo XX en Guayaquil y el país. A ellos nos referiremos en la próxima entrega.

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