Para unirse a esta labor se los puede contactar por el Facebook

'Pan para mi hermano' ayuda a 200 personas

- 27 de octubre de 2016 - 00:00
La merienda es proporcionada por los voluntarios en cuatro puntos del centro de la ciudad.
Foto: Cortesía Ivanna Montoya

La agrupación les facilita alimentos a los que menos tienen. Los lugares de donación son los exteriores de 4 iglesias.

En Francisco Segura, entre México y La Habana, está el Centro Pastoral Virgen del Pilar, punto de concentración de jóvenes que cada jueves se reúnen para preparar comida y repartirla a personas de escasos recursos en diferentes sitios de la ciudad. Esta actividad es conocida como ‘Pan para mi hermano’, un servicio solidario del Movimiento de Vida Cristiana (MVC) y que se realiza desde 2002.

Esta labor no solo consiste en preparar alimentos y repartirlos, la actividad más importante es la formación humana, moral y espiritual de cada beneficiario. Por ello antes de poner manos a la obra los voluntarios reciben charlas de preparación en las que reflexionan sobre las diversas situaciones de la vida.

La preparación de los alimentos empieza desde las 15:00 y la jornada de donación desde las 20:00 en 4 puntos: Nuestra Señora del Carmen (frente al Mercado Central), El Rosario (Huancavilca, entre Los Ríos y Esmeraldas), San Pedro, San Francisco y San Alejo, en el sector de la bahía. Allí se concentran los beneficiarios, personas de escasos recursos que incluso no tienen casa y duermen en las calles.

Ellos cada jueves están presentes para recibir su tarrina de comida y una charla de formación espiritual y personal. Los voluntarios que integran este servicio son colegiales, universitarios y adultos mayores.

La comida se obtiene gracias a donaciones que realizan empresas, restaurantes, personas particulares y voluntarios.

Óscar Castillo Silva, encargado del servicio desde hace más de 3 años, comenta que ‘Pan para mi hermano’ ha crecido. Cada vez son más los voluntarios que se suman a esta labor y su experiencia en cada jornada es gratificante.

María Cecilia tiene 3 años en esta agrupación. Cuenta que esta labor le ha enseñado a reconocer la mirada de Jesús. “Me agrada la idea de ser instrumento para servir. Me gusta la mirada de la gente a la que ayudamos. Se trata de un desafío diario buscar los alimentos para estas personas”.

Otra de las voluntarias es Jénniffer Mazza. Ella empezó por la invitación de sus amigos. Al principio se le complicaba asistir por el horario pero al final se adaptó. Para ella también constituye una gran labor. “Es complicado conseguir alimentos para repartirlo todos los jueves a 200 personas. Pero con esfuerzo lo logramos”. (I)

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