El líder de la Trinitaria que difunde las raíces afro

- 15 de septiembre de 2019 - 00:00
En la sede de la fundación Sra. Cleotilde Guerrero, en la Cooperativa Andrés Quiñónez 1, Jimmy Simisterra, enseña la ejecución de instrumentos ancestrales.
Foto: Miguel Castro / ET

A través del canto, el baile y la actuación, Jimmy Simisterra cultiva y rescata las prácticas tradicionales.

Solo le bastó con escuchar el son de la marimba para que su sangre con ascendencia afroecuatoriana comenzara a efervescer y darse cuenta de que eso era lo quería. Jimmy Simisterra Guerrero, hijo de padres de origen esmeraldeño y quiteño, tenía 15 años cuando lo descubrió.

Era el Guayaquil de 1982, aquel que empezaba a expandirse en su periferia con la migración interna que llegaba de distintas provincias. Aquel Guayaquil que excluía por el origen, la raza o la condición económica de las personas.

Junto con seis amigos del barrio que lo vio nacer, en las calles Carchi y Oriente, Jimmy acudió al Taller de Arte Popular Raíces, situado en Rosendo Avilés y Guerrero Valenzuela, donde se practicaba danza, teatro y otras actividades culturales.

“Fuimos a ver si ahí bailaba la chica que me gustaba y aunque nunca la encontré me quedé en el sitio porque me llamó mucho la atención la música, el toque de los instrumentos, el baile, todo en su conjunto”, recuerda el bailarín, cantante y actor de 52 años que desde niño está inmerso en esas actividades.

Lo sedujo el frenesí y la fuerza del ritmo del grupo de marimba dirigido por Norma Rodríguez y denominado La Catanga (instrumento de pesca artesanal ancestral que aún se utiliza en algunos poblados de Esmeraldas).

Simisterra y sus amigos hicieron lo posible por continuar en el centro cultural, aunque eso significara ponerle más empeño a los estudios. “Yo mejoré mis notas, como me pidió mi mamá, para que me diera permiso de asistir al taller”.

El grupo Afromestizo Candente canta, baila y ejecuta ritmos afro. Ha llevado su arte dentro y fuera del país. 
Foto: Miguel Castro / ET

Estuvo siete años en el grupo, tiempo en que su destreza le permitió pasar de alumno a director entre 1987 a 1989, año en que se retiró para dedicarse a su nueva vida familiar en un sector de Fertisa, mientras ya en la década del 90 se formaba en el teatro, junto a Hugo Avilés.

Para 1994 ya se había radicado en la cooperativa Andrés Quiñónez 1, en la Isla Trinitaria, un barrio del sur de Guayaquil marcado por la pobreza e identificado por su mayoría de ascendencia afro. Fue como encontrarse con su pasado ancestral.

Motivado por la solidaridad que le inculcó su madre abrió una fundación con su nombre, Sra. Cleotilde Guerrero, cuya sede consiguió con apoyo de la entonces reina de Guayaquil, Andrea Giler. Así desarrolló una diversidad de proyectos sociales, mientras tanto actuaba en televisión y en teatro con Owaldo Segura.

Por esa época el consumo de drogas y los enfrentamientos y asesinatos entre bandas eran frecuentes en su barrio y otras zonas de la urbe. Es así como en 2006 enfoca su labor hacia la difusión de las raíces afro. “Queríamos ayudar a los jóvenes que se estaban perdiendo. No teníamos dinero, entonces nos reunimos con un grupo de vecinos. Vimos que sabían cantar y bailar al son de la marimba y decidimos hacer un grupo para enseñarles”.

Simisterra compró un CD y una grabadora. En la calle, frente a su casa, empezó a practicar con sus hijos, su esposa, una vecina, la hermana de esta y los vástagos de cada una. “Éramos 17 personas ensayando marimba y diciendo amorfinos a las 7 de la noche.

Cada día se sumaba más gente a observar y fueron empezando a participar”.

Desde su participación en el teatro, Jimmy Simisterra trabaja por difundir y preservar la cultura de nuestros antepasados.
Foto: Lylibeth Coloma / ET

Llegaron 120 personas entre niños (45), jóvenes y adultos (padres de familia). El espacio no alcanzaba y debió dividir grupos con horarios establecidos.

Agrupación y otras artes

“Vimos la oportunidad, a partir del conocimiento de nuestra etnia, de formar el grupo Afromestizo Candente para rescatar a los jóvenes y nuestras tradiciones”.

Al momento son 20 integrantes de la agrupación que han llevado por escenarios nacionales e internacionales la danza, sus cantos y la música que tocan con los instrumentos ancestrales como la marimba, el cununo y el bombo.

“Hemos estado en importantes festivales en países como Perú, Colombia y Bélgica y sentimos que hemos logrado el objetivo porque los jóvenes están aprendiendo de sus raíces y ya no están en las calles sin hacer nada”.

Fue una labor que le costó la amenaza de microtraficantes de la zona, agrega.

A través de la fundación, los residentes de este sector de la Isla Trinitaria también han estado inmersos en el arte afro. El año

pasado participaron en la muestra “Contaminados” con piezas de cerámica que ellos mismos elaboraron. La institución también enseña teatro a través de su grupo Expresarte, integrado por 10 personas.

Las actividades se financian con un porcentaje del trabajo que realizan, con rifa y otras gestiones de sus dirigentes. (I) 



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