LOS MALOS OLORES E INSECTOS PERJUDICAN A LOS VECINOS

Dos calles de la Trinitaria se convirtieron en pozas

- 09 de abril de 2016 - 00:00
En la cooperativa Jacobo Bucaram, de la Isla Trinitaria, se formó una laguna tras la intervención del Cabildo.
Foto: Karly Torres / El Telégrafo

Las vías del sur de Guayaquil fueron rotas para hacer obras, pero tras 4 meses no han sido reparadas.

María Dávila está atenta a la llegada del personal del Municipio de Guayaquil. Ella es habitante de la cooperativa Jacobo Bucaram, en la Isla Trinitaria. Quiere verlos para recordarles que asfalten rápido la calle que rompieron para hacer los bordillos en el sector.

En diciembre de 2015 el Cabildo porteño comenzó los trabajos en esa área del sur.

Según los moradores, el ente seccional hizo la obra, pero tras 4 meses sigue dañada, a la altura de las manzanas 5 y 6. Las precipitaciones registradas en la ciudad, en los últimos meses, han convertido la calle en una gran poza que se extiende por varias cuadras.

Los habitantes denuncian que el estancamiento del líquido origina la proliferación de mosquitos, que traen enfermedades al barrio. Los automotores no pueden circular por el sector, porque se quedan dañados.

Doña María, quien reside hace 15 años en el lugar, también se queja de los problemas del alcantarillado en el área. Los sumideros de aguas servidas se desbordan por taponamientos permanentes. “Esta obra está mal hecha”, concluye.

Ramón Cevallos, vecino del lugar, se suma a ese reclamo. Él siente malestar, debido a que cuadrillas de trabajadores de la concesionaria de alcantarillado llegan, observan el daño, toman una medida paliativa y se van. “Pero el inconveniente persiste”.

Hace alrededor de una década los moradores tienen acceso al servicio, sin embargo, desde entonces se enfrentan a los daños. “Ahora que han roto la calle, deberían aprovechar y revisar las tuberías”, propone Ramón, un morador que llegó hace 20 años a la Jacobo Bucaram.

En la cooperativa Polo Sur, en la misma Isla Trinitaria, enfrentan similares deficiencias.

La entrada que está cerca al PAI 21 parece un río. Cuando las tricimotos circulan por el lugar. Los vehículos forman ‘olas’ con el agua estancada.

María Abad, quien tiene un negocio cerca, es una de las principales perjudicadas. “Lo peor de todo es que chispean el lodo hasta adentro de la casa. Si tenemos la puerta abierta, se ensucia mi sala”.

El Cabildo también hizo allí bordillos y aceras. Hace dos meses comenzó la obra. Pero hasta ayer persistían las molestias entre los habitantes del barrio.

De igual manera, hay un poste de energía eléctrica que está a punto de caer. Se hizo una base de cemento, se lo amarró a una palmera y colocaron cañas para sostenerlo con cables y sogas. Si cae, afectaría a las viviendas.

Los malos olores, producto del agua empozada, son insoportables por tres cuadras. (I)

En la cooperativa Jacobo Bucaram, de la Isla Trinitaria, se formó una laguna tras la intervención del Cabildo. Foto: Karly Torres / El Telégrafo

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