Comerciantes de la calle Esmeraldas denuncian perjuicios por nuevo plan vial

- 04 de mayo de 2018 - 00:07
Los ciudadanos plantearon sus inquietudes y esperan ser recibidos por el alcalde Jaime Nebot.
Karly Torres / El Telégrafo

“Tenemos derecho a trabajar. La ATM no nos deja, sr. Alcalde”, “No hay ventas”, “La avenida Quito tiene 8 carrriles, un digno corredor para los buses”, “ATM déjenos trabajar”, “No al cierre de locales”.

Estas son algunas de las frases que comerciantes y residentes en la calle Esmeraldas exhibieron la noche del jueves, durante una reunión que sostuvieron en Esmeraldas y Colón para recoger sus inquietudes y quejas ante las restricciones para el tráfico de automotores pequeños contempladas dentro del plan vial trazado por el Municipio de Guayaquil.

Esta arteria vial es tomada por muchos conductores para dirigirse de sur a norte. En ella se observan todo tipo de negocios: restaurantes, cafeterías, ferreterías, tapicerías, así como colegios. El temor de los comerciantes es que, al restringirse la circulación de autos, las ventas disminuyan pues ya no habrá quién compre.

“Estamos muy preocupados porque no se nos está atendiendo. Se nos está impidiendo trabajar y ese es un derecho constitucional que tenemos las personas”, señala el abogado José Rendón de la Cuadra, representante de los comerciantes.

“Pedimos al señor alcalde Jaime Nebot que nos conceda una audiencia, junto con las autoridades de la Autoridad de Tránsito Municipal (ATM), para exponerles nuestra preocupación y problemática, la falta de planificación que ha habido”, indica.

El jurista lleva 30 años en el sector y calcula que más de 200 familias se verán perjudicadas en su actividad laboral. “Multiplique eso por seis personas por familia. Usted recorra la calle Esmeraldas y verá a todas estas personas que nos vamos a quedar sin trabajo. Esta vía toda la vida ha sido comercial. Lo que estamos pidiendo es que hagan un estudio completo. Si a esta calle le meten vehículos livianos, nuestros negocios no se van a ver afectados. Tampoco nuestra salud”.

Ruido y contaminación

Este es otro aspecto que preocupa a los ciudadanos: la contaminación generada por los buses. Elsa López tiene un tecnicentro en Aguirre y Esmeraldas y afirma que “tenemos problemas con la salud, el ruido que hacen los colectivos es tremendo cuando pasan con sus pitos, además mi casa está cuarteada. Las calles están deterioradas, enfrente de mi taller un vidrio de un edificio se cuarteó y se cayó”.

José Rendón afirma que el Municipio nunca hizo un censo ni algún tipo de socialización con la comunidad del sector. “Nunca nos preguntaron si nos gustaba la idea”.

Otra preocupación son las cerca de 12 instituciones educativas ubicadas en la calle Esmeraldas y sus alrededores. “Esos niños se están contaminando con el humo que los buses expulsan a diario”, dice Rendón.

Marlene Ordóñez es la propietaria de Alambril, una venta de accesorios y repuestos en Esmeraldas y Luque. Según ella, al enterarse del proyecto municipal, decidió alquilar el local esquinero “para salvaguardar el negocio. Poco a poco, con la venida de los colectivos, se fue quedando muerto ese sector. El sector se va quedando botado de carros pequeños, que son a los que damos servicio y con los que sobrevivimos”.

Ella hizo una inversión cambiando la fachada de su establecimiento, para ver si subían las ventas, pero “lamentablemente debo decir que no se ve la mejoría. Pensé que si por Esmeraldas me taponan, tal vez por Luque podía vender algo. Los comerciantes somos los más perjudicados. Van a quedar muchas familias sin empleo”.

La empresaria considera que la situación no es justa y cree que en pocos meses muchos negocios tendrán que cerrar “porque no soportamos los gastos con una venta mínima. Hago un llamado a todos quienes nos sentimos perjudicados pues no somos solo los que estamos aquí. Son muchas más personas”.

Ordóñez hace un llamado a que “nos bajen el número de colectivos al menos a la mitad, de manera que los carros pequeños puedan circular por dos carriles y nosotros podamos seguir viviendo de lo que vendemos”.

Muchos piensan en irse

Jorge Lasso también estuvo presente en la reunión. Él alquila unos locales en Esmeraldas y El Oro y también se ha visto afectado. “En nuestra esquina hay por lo menos 15 negocios, los cuales se sienten perjudicados. Se ha hecho inversión, se arreglaron los locales, pero muchos de los inquilinos han manifestado que estarán máximo seis meses esperando a ver qué resultados da todo esto. Si no se irán a otra parte”.

El ciudadano afirma que “no queremos morir como otras calles, por ejemplo la Eloy Alfaro, que era netamente comercial y quedó desolada. Esmeraldas es una vía muy comercial, pero no queremos que nos maten”.

Señala que los negocios que están en El Oro y Esmeraldas no tienen por dónde recibir a un cliente. “Tenemos abacería, gente que vende llantas, venta de ropa, ferreterías, mueblerías, una galería de arte, tapicería, pero no se pueden parquear los carros. ¿Ahora cómo van a trabajar ellos?”.

Los comerciantes y residentes también están preocupados porque, según sus cálculos, cerca de 800 buses circularán por Esmeraldas, y no saben si las calles soportarán tanto peso. (I)

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