El área protegida es hogar de más de 300 especies de animales

Cinco tipos de incidentes ponen en peligro al Cerro Blanco

- 21 de octubre de 2017 - 00:00
El ceibo es uno de los árboles que abundan en la zona protegida. Este gigante puede llegar a medir 70 metros de alto y alcanzar los 3 metros de diámetro.
Foto: William Orellana / EL TELÉGRAFO

El Bosque Protector de 6.078 ha es administrado por la Fundación Pro-Bosque, la cual conserva, reforesta y ofrece actividades recreativas a los visitantes.

Ubicado en el km 16 de la vía a la Costa, el Bosque Protector Cerro Blanco se configura como un pulmón de Guayaquil y un refugio de más de 500 especies de flora y alrededor de 300 de fauna silvestre.

Desde 1992, la fundación Pro-Bosque se encarga de administrar esta área protegida, la cual pertenece a varias instituciones privadas.

Eric Horstman, director ejecutivo de esa entidad, resalta que muchas de las especies allí existentes son endémicas de la región tumbesina, un ecosistema de 135 mil km² que inicia al noroccidente de Perú y atraviesa el perfil costanero de Ecuador.

Alerta que el Bosque Protector se encuentra en constante riesgo, esto debido a la tala ilegal, las invasiones, la cacería furtiva, la introducción de especies y sobretodo los incendios forestales.

“Se han tomado medidas, se hacen patrullajes y se trabaja en conjunto con la policía ambiental para controlar cualquier eventualidad. El problema mayor es con los incendios, pues hay personas que ingresan por caminos no habilitados a hacer fogatas o fumar sustancias prohibidas, no se aseguran de apagar bien el fuego y ahí es cuando ocurren los incendios”.

Explica que para remediar este tipo de daños, la Fundación implementa programas de reforestación. Sin embargo, esta es una solución a largo plazo, porque para que un área que ha sido afectada por un flagelo recupere su vegetación deben pasar años o incluso décadas.

La introducción de animales domésticos es otra preocupación mayor. Asegura que los vecinos de los asentamientos irregulares aledaños ingresan con perros que han sido entrenados especialmente para la cacería. “Son grandes depredadores, muchas veces forman grupos y cazan guatusas, venados, sajinos. Los gatos, en cambio, cazan animales pequeños como lagartijas o aves”.

Esto atenta contra el equilibrio del ecosistema, pues los predadores naturales encuentran menos alimento, además, las especies migran más alto en la montaña para evitar convertirse en presas, explica.

La voluntaria brasileña Aline Gallo realiza una visita guiada a uno de los tres senderos que ofrece el Bosque Protector Cerro Blanco. Foto: William Orellana / EL TELÉGRAFO

Turismo ambiental responsable

Tania Ríos, coordinadora de Turismo de Pro-Bosque, comenta que la Fundación busca convertir a Cerro Blanco en un lugar donde se practique turismo responsable con el ambiente, donde se pueda disfrutar de la naturaleza sin dañarla.

Señala que entre las actividades que se pueden realizar están senderismo, avistamiento de aves, visitas guiadas y campamentos nocturnos. También tienen un programa de pasantías y voluntariado.

“Los senderos son la principal actividad, contamos con tres rutas: senderos Buena Vista, Higuerón y Mono Ahullador, los cuales cubren diferentes distancias y tienen diferentes grados de dificultad”.

Cerro Blanco cuenta además con un vivero forestal, con capacidad de producción de hasta 200 mil plantas al año, que se utilizan para la reforestación del bosque y para la venta al público.

Entre las especies de árboles que se cultivan aquí están el ceibo, el guayacán, el guasmo, el laurel, el pechiche, el ébano y el palo santo, entre otras variedades. Los guardabosques también realizan actividades de rescate y rehabilitación animal. “Aquí se acoge a los animales heridos, rescatados y decomisados por las autoridades ambientales, se los alimenta, se los cura, se los rehabilita y cuando están en buen estado de salud se los libera en su hábitat”, explica uno de los técnicos encargados de algunas tortugas, papagayos y monos que reciben cuidados en el lugar.

Horarios y precios

Los horarios de atención al público son de lunes a domingo de 08:00 a 16:00. Las visitas son de lunes a viernes y se realizan con cita previa, mientras que los sábados, domingos y feriados no es necesaria la reserva.

El costo de ingreso es: $3 para niños y estudiantes; $4 para adultos y universitarios y $ 2 para personas de la tercera edad y con discapacidad.

La caminata por los senderos tiene un costo adicional de entre $ 12 y $ 20, por grupos de hasta 10 personas, dependiendo de la ruta deseada. (I)

Uno de los encargados del vivero revisa el estado de las plantas. Aquí se cultivan árboles endémicos como el ceibo, el guasmo, la caoba, el palo santo, etc. Foto: William Orellana / EL TELÉGRAFO

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