Tres olas de catalanes en Guayaquil

- 16 de octubre de 2020 - 00:00
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La primera ola de catalanes llega alrededor de los 1850, muchos buscaban oportunidades comerciales, algunos en tránsito hacia otras regiones, pero todos terminan quedándose.

Antes de la independencia de Guayaquil, a las colonias del Reino de Castilla no llegaban originarios del Principado de Catalunya. Es tan solo desde mediados de los 1800s y luego de que los pueblos americanos comenzaron a independizarse, que los catalanes empezaron a venir a tierras que fueran colonias españolas. Muy pocos catalanes llegan antes de la independencia.

En Guayaquil, la primera ola de catalanes llega alrededor de los 1850, muchos buscaban oportunidades comerciales, algunos en tránsito hacia otras regiones, pero todos terminan quedándose.

Generalmente un catalán venía, y al percibir las oportunidades de negocio, otros familiares, hermanos o primos, lo seguían. Casi siempre, con algún capital para iniciar negocios de comercio de importación y pequeñas industrias, y crecer.

La segunda ola de catalanes, en la primera mitad de los 1900, migra por la situación política de la época.

Las repúblicas de la península ibérica comenzaban a formarse, la dictadura de Primo de Rivera, la guerra civil, la guerra mundial y finalmente la dictadura de Franco hasta los años 70. Un periodo tremendamente convulso, que motivó exilios, y huidas económicas.

La tercera ola llega en este siglo, a partir de la crisis económica de los años 2008 en adelante, agravada desde el 2011. Esta migración es económica. Disparada por la quiebra de muchas empresas pequeñas y medianas y los despidos de las grandes empresas en España, llegan con escasos capitales.

Otra diferencia con las anteriores, es que en esta generalmente vienen catalanas y catalanes con sus parejas ecuatorianas. Se conocieron durante la migración del feriado bancario en adelante y vienen a Guayaquil con perspectivas no muy precisas de las oportunidades existentes.

Nieves Tuset, presidente Casal Català de Guayaquil. Cortesía

Por lógica, la pareja local, con poco o ningún vínculo en el sistema productivo, que justamente es lo que eso había motivado su emigración a Catalunya.

Sin embargo, en las tres olas, el catalán se integra muy fácilmente a la sociedad guayaquileña. El carácter del catalán, abierto e integrador con el que migra a Catalunya, lo convierte en integrador cuando viaja. Y encuentra en el guayaquileño un pueblo igualmente amigable y abierto.

Así, los catalanes prácticamente se mimetizan con la cultura y la sociedad de la ciudad.

Otro factor que quizás ayude a la integración del catalán es que Barcelona y Guayaquil son puertos. El espíritu abierto al viajero y las formas comerciales de ambas ciudades sean el caldo perfecto para esta integración. (I)

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