El Guayaquil que acogió a los migrantes extranjeros

- 16 de octubre de 2020 - 01:00
Cortesía: Sociedad Española de Beneficencia

Los extranjeros buscaron diferentes nichos de mercado, otros se dedicaron a la industria y ganadería. Y algunos incursionan en la cultura y la política.

En los siglos XVIII, XIX y parte del XX, el puerto principal acogió a extranjeros que llegaron con el afán de echar raíces y con ello también introdujeron su cultura, sapiencia, pensamiento, y se constituyeron en un pilar fundamental para el desarrollo de esta ciudad.

En un mercado prácticamente virgen, la mayoría de los migrantes buscaron sus nichos en el comercio como por ejemplo la venta de telas, especias, artefactos, pero también incursionaron en la agricultura, ganadería y en la construcción de edificios, algunos de los cuales hoy son patrimoniales.

En el texto “Ciudad-Estado, Inmigrantes y Políticas, Ecuador 1890-195”, se indica que en el censo de 1890, en la ciudad de Guayaquil vivían 5.000 inmigrantes, en su mayoría peruanos. Junto a estos se situaba un flujo de inmigración europea.

Mientras que en 1899 los inmigrantes en Guayaquil eran 9.368 y constituían el 15% de la población. En los años siguientes muchos inmigrantes permanecieron en esta ciudad y se involucraron en actividades comerciales ligadas al puerto, sobre todo italianos, alemanes y, en segundo lugar en cantidad, españoles.

El historiador Ángel Emilio Hidalgo indica que desde 1900, dos fueron las ciudades que recibieron el mayor número de inmigrantes europeos: Guayaquil y Quito. A la primera, la más poblada del país, le tocó acoger a la mayoría de europeos, especialmente italianos y españoles, que llegaban en busca de nuevas perspectivas.

En el caso de los italianos -explica Hidalgo-, los que provenían del norte tenían mayores niveles de escolaridad, con relación a sus compatriotas del sur. “Ello también repercutía en el tipo de inserción social: los primeros se dedicaban al ‘gran’ y mediano comercio, mientras que los segundos operaban en el sector informal”.

Asimismo detalla que Guayaquil experimentó, entre 1880 y 1925, un extraordinario incremento demográfico que traspasó los índices de su crecimiento natural: de cerca de 25 mil habitantes en 1880, cuadriplicó su población en 40 años, llegando a los 100 mil en 1920, según cifras recogidas por el historiador Ronn Pineo.

El antiguo Guayaquil que recibió a los migrantes de otros continentes.

“Solo en el lapso de dos años, entre 1880 y 1882, la población en el puerto creció de 25 mil a 36 mil habitantes, en buena medida, por la corriente migratoria que llegó a nuestro país, como resultado de la guerra del Pacífico entre Chile, Perú y Bolivia (1879-1882); lo que también coincidió con el despegue de la producción y agroexportación cacaotera que dinamizó el capital comercial y bancario de la ciudad y región, a finales del siglo XIX”, menciona.

Cuatro colonias más grandes

Para la historiadora Jenny Estrada, esta ciudad tiene cuatro grandes colonias de inmigrantes encabezadas por los españoles, a quienes les siguen los italianos, los chinos y los sirios-libaneses-palestinos. Y sobre ellos escribió dos libros: Los españoles en Guayaquil y Los italianos de Guayaquil.

En ese sentido, Vicente García García, presidente de la Sociedad Española de Beneficencia, cuenta que la migración española empezó a mediados del siglo XVIII, sobre 1800 – 1850.

“Aquellos primeros españoles que llegaron a Guayaquil se dedicaron al comercio, a la industria, a la agricultura, pero principalmente al comercio, porque en su mayoría fueron catalanes y estos, como colonia fenicia que fueron, tienen su origen todavía como comerciantes; esto era un puerto tan importante que era muy fácil para ellos colocar sus negocios”, reseña.

García menciona que exportaban a España “todos los productos que aquí había principalmente el cacao, la famosa ‘pepa de oro’, y luego esos mismos barcos regresaban cargados de mercadería y productos de allá (España), por eso  montaron infinidad de negocios con productos europeos”.

Estos primeros emigrantes -destaca García- fueron pilares fundamentales del desarrollo, del comercio y de la industria de esta cuenca del Guayas, pero principalmente de esta ciudad de Guayaquil. “A estos españoles, con el paso de los años les fue bien y llamaron a familiares, amigos, a gente de las zonas donde ellos habían nacido y la colonia fue aumentando”.

Es así que el 19 de agosto de 1883 fundaron la Sociedad Española de Beneficencia y posteriormente la Cámara de Comercio Española, que va a cumplir dentro de poco cumplirá 100 años.

El Presidente de la Sociedad Española de Beneficencia reseña que al inicio del siglo XIX, en la colonia española dominaba el comercio en general en Guayaquil y, a partir de ahí, llegó otra oleada de emigrantes producto de la Primera Guerra Mundial en Europa, luego la Guerra Española y luego la Segunda Guerra Mundial.

“Toda esta gente que salió para acá fue incrementando nuestra colonia. Aquí llegaron escritores, poetas, pintores, arquitectos, músicos, políticos. Prueba de ello es que el Presidente del Ecuador fue el señor Jaime Roldós que era nieto de españoles; el señor (Jaime) Nebot es nieto de españoles (Jaime Nebot Borrás). Toda esta gente formó parte de ese desarrollo social y económico del país y, por supuesto, el desarrollo cultural, porque vinieron muchos intelectuales”.

García llegó a Guayaquil el 2 de enero de 1982. Entonces la ciudad era mucho más pequeña en comparación como está ahora. “Ahora con la regeneración Guayaquil ha quedado muy bonita, pero antes tenía un encanto que no lo tiene hoy. Yo recuerdo con mucha nostalgia aquel Guayaquil de entonces”.

Los catalanes y sus obras

Pero los catalanes no se quedaron atrás y tuvieron un aporte importante en Guayaquil. Es así que en 1925, un grupo de ecuatorianos y de catalanes residentes en la ciudad fundaron el Barcelona Sporting Club. Y de ello da fe Nieves Tuset, presidenta de la Casal – Catalá, quien menciona que el catalán es muy emprendedor y Guayaquil tiene una gran influencia que está muy compenetrada.

“Los Astilleros, el (estadio) Barcelona, el monumento de San Martín, el de La Rotonda, el Obelisco del Parque Centenario tuvieron grandes aportes españoles”, menciona Tuset, quien además cuenta que los azulejos que tiene la Torre Morisca, ubicada en el Malecón Simón Bolívar, fueron donados por la extinta Montserrat Maspons.

Fábricas y firmas italianas

La historiadora Jenny Estrada, en varias publicaciones, detalla que del siglo XVI data la crónica del milanés Gerolamo Benzoni, el primer viajero italiano que se aventuró a recorrer la geografía sudamericana, lo cual quedó plasmado en el libro titulado Historia del Mondo Nuovo.

En uno de sus capítulos, la obra hace referencia a nuestras tierras y sus antiguos pobladores, tal como los encontrara entre 1547 y 1550. Sin embargo, no es sino hasta la Independencia (Octubre de 1820) que tenemos evidencia oficial de inmigrantes italianos afincados en Guayaquil, cuando aparecen los nombres de Antonio Parodi, Pedro José Bologna, Clemente Puccio, Juan Casorlio y Antonio Mazzini, quienes figuran en el "Listado de los europeos y vecinos residentes en esta ciudad libre e independiente, que han contribuido con el donativo de 16.000 pesos para las urgencias de la Patria".

El aporte de los italianos es de vital importancia y así lo reseña la historiadora, cuando después del Incendio Grande (1896), muchos comerciantes del ramo de la ferretería aumentaron el volumen de importaciones para cubrir la demanda generada por la reconstrucción de la ciudad.

Entonces figuran firmas como Vignolo Hnos., Roggiero y Cía., Descalzi y otros, que alcanzaron muy altos niveles. Mientras, los nuevos contingentes, emprendedores y entusiastas, convirtieron el Barrio del Astillero en un emporio de desarrollo industrial e instalaron las primeras máquinas a vapor para la fabricación de alimentos, licores, bebidas gaseosas y los primeros aserríos y talleres de construcción naval.

El Astillero o conocido como barrio de las industrias.

De la segunda mitad del siglo pasado datan empresas como La Favorita de Angel Molfino, ganadora de premios internacionales; gaseosas Mórtola y Fioravanti; La Universal, de los hermanos Juan y Emilio Segale (posteriormente Segale & Norero).

En la primera década de este siglo aparecen La Roma, de Vallazza y Nozziglia, las primeras fábricas de mosaicos; la industria de sombreros finos de los hermanos Valle Norero; la empresa maderera El Pailón de Sampietro, Cavanna y Bruno, y un largo listado de empresas similares.

Tejidos y textiles de libaneses

Otra migración importante es la de los libaneses que llegaron de manera numerosa a Guayaquil al final del siglo XIX y principios del XX. Y como comerciantes buscan un mercado no explotado y es así como se dedican a la venta de tejidos y textiles.

Eugenio Haddaty, de ascendencia libanesa, indica que alrededor de 1916 – 1920, por la Primera Guerra Mundial, muchos jóvenes de Asia: Líbano, Siria, Palestina, emigraron a diferentes partes del mundo occidental, incluyendo América.

“Vinieron con ‘pasaporte turco’ por obvias razones; así se los denominó ‘turcos’ a todos ellos; como eran personas responsables, productivas y disciplinadas, se adaptaron rápido, ganaron consideración, respeto e iniciaron actividades productivas”, menciona.

Además fueron incluidos en las sociedades de los distintos países a los que llegaron, “con esfuerzo y tesón se ganaron un puesto privilegiado en los sectores más connotados del comercio e industria alcanzando notoriedad nacional e internacional”.

Según estimaciones de Hadatty, en el país deben residir alrededor de 170 mil libaneses, de los cuales, unos 40 mil estarían en Guayas.

Esteban Antón, en su blog, deja plasmado que los libaneses en Guayaquil se agrupan y el 8 de marzo de 1921, inician el proyecto de creación de una sociedad que una la Colonia Siria Libanesa con el Ecuador. El resultado fue el nombramiento de Antonio Kadra como presidente provisional de la que se llamó "Sociedad Otomana".

Pero el 8 de mayo de 1921, se inicia la propaganda para constituir una sociedad con la misma finalidad que la anterior, se lleva a cabo una reunión en la que figura como uno de los fundadores Esteban Antón Iza, quien fue elegido miembro del Directorio.

A esta nueva organización social se la llamó "Sociedad Unión Siria". Sin embargo, en 1926 se reformaron los estatutos y se cambió la denominación por "Sociedad Unión libanesa", debido a que los pocos miembros sirios que pertenecieron a la institución se separaron.

Chinos proveniente de Cantón

Un aporte fundamental sin duda también fue el de los chinos que llegaron hace unos 150 años, en el siglo XIX, y que la mayoría, según la cónsul general de China en Guayaquil, Zhang Tao, pertenecen a la provincia de Cantón.

Las últimas cinco o seis generaciones de chinos han incursionado en áreas como política, medicina, agricultura, y otras profesiones. En tanto que otro grupo prefirió dedicarse a los negocios, especialmente a la venta de comida china y mercadería. De allí que entre sus actividades se destaca la venta de artefactos, ropa, comida y tecnología.

Las colonias chinas se reúnen para distintos eventos, como la celebración del Nuevo Año Chino y otros.


En un menor número están los rusos que llegaron más bien por contratos, por la parte académica y por sus familias, tal y como lo cuenta Olga Lagountenko, del Centro Cultural ruso.

Ella llegó a Guayaquil en 1991 y explica que la mayoría de los rusos que llegaron en tiempos antiguos a la ciudad lo hicieron para reunirse con sus familias.

“Vinieron con sus esposas o esposos y los rusos de los últimos tiempos vienen para hacer sus pequeños o grandes negocios, por contrato, otros como profesionales para trabajar en universidades, en alguna firma, compañía”, añade.

A todas estas migraciones se suman otras como la de estadounidenses, suizos, alemanes y las sudamericanas, con un denominador común: la mayoría echó sus raíces en una ciudad que vibra por su gente, una ciudad que no descansa, una ciudad que se desarrolló a las márgenes del río, una ciudad bicentenaria, una casa grande: Guayaquil. (I)

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