Las plegarias tras la partida de Gerardo Estupiñán continúan

- 05 de mayo de 2018 - 00:00
Foto tomada en enero de 2014 a Gerardo Estupiñán, en el bar La Número 1, el espacio temático de fútbol que abrió en su casa, en Barrio Caliente.
Foto: Archivo / EL TELÉGRAFO

El próximo miércoles terminará la novena que se reza en honor a Gerardo Estupiñán, el exfutbolista que falleció el pasado domingo, a los 63 años, víctima de cáncer a la próstata. Ese día, las oraciones no se realizarán en la iglesia, sino en su domicilio, ubicado en Barrio Caliente, en Esmeraldas.

Ese día, tras las plegarias, la urna donde reposan las cenizas del “Mortero” serán colocadas definitivamente en el pequeño altar que se alistó en casa; allí, junto a las de Ítalo Estupiñán, su único hermano y el mejor amigo que le dio la vida.

“Ese fue su último deseo, no quería que sus restos reposen en un cementerio, sino en su hogar, al lado de las de mi tío, al amparo de mi madre, la mujer que lo acompañó en su lucha por darnos el mejor futuro”, cuenta Andrea (33 años), una de sus cinco hijos.

El dolor es profundo, añade, pero se tranquiliza al saber que su padre dejó de sufrir; la enfermedad lo atacó durante dos años y nueve meses, tiempo en el cual todos quienes lo amaban lo vieron pelear por no apagarse.

Su cónyuge, Marcia Jaramillo (59 años), es la más golpeada, agradece a la vida por el gran hombre con el que compartió los mejores años; no deja de reconocer la solidaridad y respaldo de quienes siempre estuvieron pendientes de Gerardo, mientras afrontaba el cáncer.

Dos de las personas más preocupadas por él fueron su compadre José el “Cielo” Villafuerte y Luis Valencia (padre del jugador Antonio Valencia), otro de sus grandes amigos.

Villafuerte, una de las figuras históricas de El Nacional, colaboró con Gerardo hasta el final; el lunes último, cuando Marcia llegó a Quito para la cremación de su amado, el exvolante la ayudó en todo momento. Ese mismo día, a las 23:00, ella arribaba con las cenizas a su vivienda.

Gerardo Estupiñán, hermano menor de Ítalo, el primer futbolista ecuatoriano que triunfó en México, comenzó su carrera de delantero en El Nacional en 1972; con Técnico Universitario alcanzó los subtítulos locales de 1978 y 1980; también vistió las divisas de Deportivo Quito, Emelec y el América capitalino. Se retiró en 1985. (I)

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