Olga Guillot fue la temperamental Reina del bolero (Videos)

- 30 de agosto de 2014 - 00:00

‘Después del cielo, Cuba. Después de Cuba, Olga Gillot’, dijo Agustín Lara y Nat King Cole remarcó lo dicho por ‘el flaco de oro’, que aprendió a cantar en español con las canciones de Olga.

Conocida como ‘La reina del bolero’, fue la voz de ‘Tú me acostumbraste’, el himno gay de las noches habaneras de esa época y fue también la primera en dar un concierto en español en el Carnegie Hall, de Nueva York.

Olga Guillot, contrario a lo que se piensa, se inició cantando jazz. Pero la bohemia de La Habana la retornó a sus raíces y al cubanísimo bolero.

En las tantas entrevistas que le hicieron a lo largo de su vida, repetía siempre que tenía dos amores: Santiago de Cuba, donde nació el 9 de octubre de 1922, y La Habana, a donde llegó siendo una niña, con su madre y su hermana Ana Luisa. Sobre su padre, Olga solo decía que las había abandonado a las tres.

Según la renombrada bolerista, su vena artística le venía por el lado materno. Su mamá, ‘una gran soprano’, y su tía, ‘tremenda tiple’, que le enseñó todas las romanzas habidas y por haber. Por eso cuando Ana Luisa y ella se inscribieron en ‘La Corte Suprema del Arte’, un programa que se transmitía por CMQ Radio, para participar en un concurso de canto, las más felices eran mi mamá y tía, porque nunca habían pisado un escenario. De ese concurso donde quedaron en segundo lugar, surgió el dúo de las Hermanitas Guillot, contaba Olga.

Su primera experiencia como solista, no obstante, le llegó por casualidad. Tenía 16 años y era parte del cuarteto de Isolina Carrillo. Un día fueron hasta la disquera Panart para grabar, pero faltó una voz y el dueño del estudio exigió un reemplazo. En ese momento, “Isolina me pidió que tomara la posta y grabé ‘Stormy Weather’ (Lluvia gris) que salió como parte del disco del cuarteto. Se vendieron tantas copias de ese acetato, que la Asociación de Críticos me seleccionó como la cancionera debutante del año, así me inicié como solista”, dice. Aunque había tenido éxito, todavía era muy temprano para llenar un escenario, así que siguió con el cuarteto un año más, ‘para orgullo mío’, porque de ahí salieron voces muy buenas como Marcelino Valdés, el autor de ‘Me voy pal pueblo hoy es mi día’, revela Olga.

En Cuba, hasta fines de la década de los 40, el bolero lo cantaban solo los hombres, pero ‘un golpe de suerte’, según la artista, obró para que este predominio terminara. Olga contaba que entre las cantantes de boleros que había en Cuba su ídolo era Rita María Rivero. Ella cantaba en el programa ‘Siga la canción’, de Radio Cadena Azul, donde Isolina era la pianista. Una noche Rita no pudo ir al programa, y Olga la sustituyó a pedido de Isolina, que era la pianista. Facundo Rivero, que integraba también el cuarteto, le fue con la noticia que los dueños del cabaré Eden Concert (que luego se llamó Club Zombi) querían hacerle una audición para su show. Facundo la acompañó al piano y esa noche nació Olga Guillot.

A partir de 1950 hasta los 60, en Cuba se comienza a experimentar con el bolero. Sus intérpretes dan rienda suelta a su forma de interpretar su sentimiento, dramatizando y exagerando los gestos e inflexiones de la voz, y a toda esta descarga emocional se le llamó ‘feeling’.

Sin embargo, el musicólogo cubano Natalio Galán, en su libro ‘Cuba y sus sones’, anota que Olga Guillot, con su original estilo de cantar fue una pionera-innovadora del bolero que se adelantó a la popularidad que el filin alcanzaría años después.

El titulo de ‘la temperamental, como también se la conocía, se lo ganó Olga la noche de su debut en el Edén Concert. Mientras cantaba y se movía en el escenario se resbaló y terminó la canción en el piso. El público la ovacionó y el dueño del Eden Concert la bautizó como ‘la temperamental’ desde ahí. Fue la estrella del Club Zombi por varios años y ahí conoció a Joaquín Urbino, su primer esposo y director de la estación de radio La 1010.

El éxito internacional le llegó en 1954 con ‘Miénteme’ , del mexicano Chamaco Domínguez, acompañada por la Orquesta de los Hermanos Castro. La canción fue grabada con la disquera Puchito, de Jesús Goris, que fue quien escogió ese tema, que fue un éxito tan grande que, solo en Cuba, vendió medio millón de copias. En México, desplazó a Toña La Negra, de los primeros lugares. Y de ahí saltó a toda Latinoamérica. En adelante, Olga no paró de grabar. La eligieron ‘Reina de la radio’. Y luego, ‘la mejor voz cancionera de Cuba’.
Con el gran compositor y pianista cubano René Touzet ‘vivimos un romance’, contaba Olga. Cuando se separaron, Touzet le escribió el tema ‘Me contaron anoche de tu vida’… que Olga lo estrenó y además le perdonó que se hubiera marchado. ‘Me había dejado su mejor canción, mi hija Olga María’.

A lo largo de su vida, Olga Guillot grabó cientos de temas, de los más renombrados compositores. De Agustín Lara, María Greever, Luis Demetrio, Roberto Cantoral, y de los cubanos Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Mario Fernández Porta, Tania Castellanos. Del argentino Homero Expósito, Armando Manzanero.

Cuando triunfó la Revolución Cubana, Guillot decidió salir de Cuba para radicarse en México. Allí, su amigo Emilio Azcárraga, dueño de Televisa le repuso su programa El show de Olga Guillot, donde ‘amadriné a muchas figuras jóvenes, entre ellos José José.

Unos pocos años antes de morir, publicó su autobiografía titulada Con derecho a balcón, editada por Editorial Planeta. En 2007, fue distinguida como una de las «leyendas de la música latina» por la Academia Latina de la Grabación, productora de los premios Grammy Latinos.

Hasta poco antes de su muerte, Guillot continuó brindando recitales en Nueva York, Miami, México. Decía que se había casado cinco veces ‘con hombres muy preparados e inteligentes, pero los señores no aguantaron, porque ningún hombre acepta que su mujer esté por encima de él. Por eso, mi carrera ha sido mi esposo y mi amante’.

Periplo artístico de la cantante cubana

Durante su carrera, de casi siete décadas, Olga Guillot ganó 20 discos de oro, 10 de platino y 1 de diamante. Y un premio Grammy Latino a la trayectoria en 2007. Su voz se escuchó en el Carnegie Hall, de Nueva York, pasando por el Luna Park bonaerense. Llegó a Europa, al Medio y al Lejano Oriente. Se presentó en Cannes, junto a Edith Piaf.

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