Legado chavista, en riesgo por propios y extraños

21 de abril de 2013 - 00:00

Félix Bucarito lleva más de dos décadas recorriendo las calles de Caracas, lo hace de noche y de día, pero cuando hay oscuridad es cuando mejor ha llegado a conocer a esta inmensa ciudad y a sus habitantes. Y a través de la gente también ha logrado entender el modus vivendi de las tiendas políticas en Venezuela, que, a estas alturas y más que nunca, se han reducido a dos bandos: los que están con Hugo Chávez (y por añadidura al proyecto socialista) y los que están en su contra. 
“Mira para allá, si ves ese caminito de tierra. Es el que te lleva a Ciudad Caribia, la ciudad socialista que tanto soñaba Chávez”, señala el ducho chofer con una mano, mientras que con la otra doma el volante que baila de un lado a otro por la elevada velocidad con la que se traslada esta camioneta doble cabina, a través de la autopista que lleva del aeropuerto de Maiquetía hasta el corazón de Caracas.

Son las 03:30 de un martes de una semana electoral. En las próximas 48 horas se prevén los cierres de campaña de los dos candidatos presidenciales más opcionados y para el domingo más de 18 millones de personas están empadronadas para ejercer su derecho al voto. Bucarito ha surcado esta vía decenas de veces en su carrera, pero eso no impide que al pasar frente a una obra “hecha en socialismo” la observe, la examine, la aprecie. “El comandante Chávez tuvo muchas buenas ideas e intenciones, pero muchos le fallaron, muchos le incumplieron y eso la gente lo tiene presente”, revela el conductor que, sin confesarlo, demuestra su adhesión por el jefe de Estado fallecido el pasado 5 de marzo, pero también se destapa como un ácido crítico a los círculos de poder que tuvo el líder bolivariano en sus 14 años de gobierno.

Esta postura ambigua es tan común en Venezuela. Pocas horas después, ese mismo martes, en una parada del metro de Caracas, los gritos retumban y alertan a los pasajeros. “Otra vez”, dice una señora mientras con desdén carga a su hija para alejarse de otras dos personas -una señora y un joven- que discuten con vehemencia. La primera está con gorra roja, el otro con franela amarilla. El panorama resulta “comprensible”: son una chavista y un seguidor del candidato presidencial opositor, Henrique Capriles, discutiendo. Para los caraqueños estos escenarios son frecuentes, algo que denota dos factores: el alto grado de combatividad política entre tiendas políticas, pero también es señal de la “pérdida” de terreno del oficialismo.

“Créeme, las cosas están cambiando. Hace unos años era difícil encontrar a gente que mostrara su descontento con el gobierno por dos razones: porque había pocos opositores y porque los pocos que había no querían tener problemas”, asegura Diego Ibáñez, propietario de una panadería en el sector conocido como Los Palos Grandes, en el Municipio de Chacao, una jurisdicción de clase media alta, que en los últimos tiempos se ha apuntalado como un bastión de la oposición chavista.

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Y la opinión de Ibáñez no resulta tan descabellada. Por estos días en la capital venezolana es más común ver cuadrillas de caprilistas rondando por las calles, llamando la atención de los transeúntes e, inclusive, entrando a las “barriadas” -como son conocidos los sectores populares y pobres de la urbe, asentados en colinas- que, hasta hace poco, eran consideradas zonas “rojas rojitas”, en alusión a la vestimenta que usan los dirigentes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que lo forjó el mismísimo Chávez.

El propio Nicolás Maduro, en la recta final de la campaña, aceptó que la oposición se “está mostrando más” en los sectores populares, aunque el ahora electo mandatario minimiza esta “incursión en las barriadas” al afirmar que la oposición no hace un trabajo en favor de los pobres, sino sencillamente para minar la imagen oficial en estos populosos sectores.
Pero al interior del PSUV las cosas no resultan tan sencillas como le parecen al nuevo jefe de Estado. Robert Serra, legislador del PSUV, luego de la posesión de Maduro, manifestó que los resultados del 14 de abril “llaman a una reflexión seria sobre si hay que radicalizar el proceso revolucionario o si hay que rever la forma en que el Gobierno está llegando hacia los sectores más pobres o si hay que modificar el discurso para llegar a la gente”.

21-4-13-act-nicolas-maduro-Este llamado fue similar al que hizo el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, una vez conocidos los resultados en los que Maduro apenas aventajó a Capriles por 1,59%: “Profunda autocrítica nos obligan estos resultados, es contradictorio que sectores del pueblo pobre voten por sus explotadores de siempre”, escribió Cabello en su cuenta de Twitter, una de las figuras más cercanas y compañero de armas de Hugo Chávez.

No se puede negar ni ocultar, los chavistas pasaron por los momentos más difíciles de su etapa política el pasado 14 de abril mientras esperaban los resultados. Ellos -y también parte de la oposición- pensaban que la pérdida del “Comandante Supremo de la Revolución Bolivariana” sería un factor que derivaría en un resultado irreversible.

Pero ese endoso de votos no ocurrió. De poco sirvió en las urnas haber dedicado casi un mes y medio a “revivir” la imagen de Chávez, por momentos, hasta el cansancio, y para los cristianos hasta lo sacrílego. Más de un venezolano vio con malos ojos que se hayan erigido capillas en donde se elevaba a santo al ex presidente. Muchos otros se agotaron de oír a Maduro basar su discurso en la figura de Chávez y no proponer soluciones a serios problemas que soporta la nación caribeña, líder mundial en explotación y venta de petróleo. “Durante su vida fui un acérrimo opositor, pero debo exigir como ser humano que dejen descansar a Hugo Chávez. Los cristianos creemos que a los muertos hay que respetarlos y eso no lo ha hecho el gobierno desde que falleció”, comenta Edmo Frabre, dueño de un restaurante en el Municipio de Chacao mientras se reúne con otros caprilistas para proseguir con los cacerolazos convocados por su máximo líder que, desde el propio 14 de abril, exige un recuento de los votos del proceso electoral.

Los mea culpa que desde hace tiempo se debaten en el país

21-4-13-mundo-venezolanos“Yo me voy a ocupar desde el primer día de mi gobierno a frenar la delincuencia (...) A las bandas les aconsejo que se unan a nuestros planes de paz, porque estamos dispuestos a aplicar toda la fuerza de la ley para erradicar la violencia de nuestro suelo”.

Con esta promesa Nicolás Maduro arrancó su campaña electoral desde el estado de Barinas, tierra que vio nacer a Hugo Chávez.

Era la primera vez en 14 años que desde el mismo gobierno se aceptaba que la delincuencia es el mayor de los problemas que aqueja a los venezolanos. Y esa triste realidad se palpa día a día. Caracas muere, diariamente, poco a poco a partir de las 18:00, una vez que culmina la mayoría de actividades laborales. El temor por la delincuencia ha alejado a los transeúntes de las calles y los ha llevado a enclaustrarse en sus viviendas. Si bien existe mucha alteración de datos y exageración por parte de los medios de comunicación, el temor entre los caraqueños -para tomar un ejemplo- es algo real y que no se puede ocultar.

“Tenga cuidado si anda por ahí (...) Ojo, no vaya solo para allá (...) Este no es lugar para andar por estas horas (...) Le recomiendo no ir a esa hora”, son algunas de las frases que más se repiten a los visitantes de la capital venezolana. Sea o no sea una percepción el fin fue catastrófico -al menos desde el punto de vista electoral- para los chavistas.

Muchos de los “volteados”, como se califican a los oficialistas que el pasado domingo votaron por Capriles, tuvieron en mente las cifras de homicidios que registró Venezuela al momento de depositar su voto en las urnas.

“¿Cuándo fue la última vez que usted se fue a la cama tranquilo junto con su familia? ¿cuándo fue la última vez que se sintió tranquilo cuando un familiar suyo salía a la calle?”, decía Capriles en uno de sus último mítines de campaña, una frase que era divulgada repetidamente por la estación televisiva Globovisión, opositora confesa del Gobierno bolivariano.

Y es que Capriles supo aprovechar, desnudar y exponer las falencias del chavismo, es decir puso en el debate público temas sensibles que ya eran discutidos por la sociedad venezolana en voz baja.

21-4-13-mundo-protesta-cartelesEl también gobernador de Miranda fue más allá. En una escalada de dimes y diretes con Maduro, presentó un supuesto panorama de deficiencia gubernamental que perjudica a una de las fortalezas del régimen: las misiones sociales.

Desde la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) -tienda política que apoyó la candidatura de Capriles y que aglutina a todas las fuerzas de la oposición- se denunció de presuntos nichos de corrupción en programas como Mercal -vinculados a alimentos subsidiados-, pero sobre todo se habló de las “argollas de poder en Petróleos de Venezuela (Pdvsa), el músculo financiero del chavismo. Si bien estas denuncias fueron desmentidas con pruebas en más de una ocasión, el daño ya estaba hecho. Y tanto fue así que el mismo Maduro anunció días antes de la elección la creación de la “Misión Eficiencia o Nada que tendrá como ejes cero corrupción, cero burocratismo”. El gobierno, de una u otra manera, aceptaba que en sus filas hay que también poner mano dura para frenar las corruptelas.

Golpe de timón, éxito electoral y pugna de poderes

Pero no todos los motivos para el traspié electoral del oficialismo en Venezuela radican en los errores de base del chavismo, sino también en los logros de una aún incipiente oposición.

21-4-13-mundo-aficheCapriles entendió el mensaje que desde su electorado se envió el 7 de octubre de 2012. Ese día, el gobernador opositor aceptó la derrota ante Hugo Chávez, un hecho que no caló bien entre sus seguidores que terminaron por desmovilizarse, algo que le pasó factura a la oposición que sufrió una rotunda derrota en los comicios de gobernadores. El gobierno alcanzó 20 de 23 estados.
Ahora Capriles se mostró combativo, agresivo y virulento en contra de su rival de turno. Este cambio de postura ayudó a cimentar su imagen de líder que pareció haberse diluido tras las elecciones contra Chávez. Pero ahora -luego de una altísima votación- surgen también pugnas internas en la oposición porque igualmente hay figuras recicladas de otros movimientos que quieren ganarse un espacio en la opinión pública a pesar de que aún están en la pugna del reconteo de votos.

Esto se notó cuando el propio Capriles, durante esta semana, pidió a sus bases abstenerse de protestar en las calles para exigir al Consejo Nacional Electoral (CNE) que haga una auditoría del 100% de las cajas del 14-A. Esta solicitud no tuvo eco en los sectores más radicales de la oposición que, sin dudas, aún parecen ser mayoría y que estuvieron involucrados, según el régimen, en actos que derivaron en por lo menos 8 muertos.

Así arranca un nuevo período político en Venezuela: la era pos Hugo Chávez, con dos sectores radicalmente opuestos que siguen enfrentándose, pero que están en un período de reorganización de sus bases, porque lo quieran aceptar o no, la muerte del “líder supremo” trastocó sus planes a corto y largo plazo.

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