Los rostros en los murales públicos son de respeto
El mural “Reales Astilleros de la Colonia”, en la avenida Pedro Menéndez Gilbert, en Guayaquil, del artista Juan Pablo Toral, ha suscitado un gran debate sobre el uso de fondos públicos y el valor histórico de una supuesta obra de arte. Ante todo, una “obra” de esta naturaleza no puede violar las ordenanzas municipales sobre la denominación de una vía pública o erección de monumentos donde se coloque a personas vivas.
Y por otro lado, por un sentido absolutamente ético, quienes aparecen en ese mural deberían pedir que se los retire porque hay un claro afán de “quedar bien” con un sector partidista para, quizá, favorecer su imagen política. Si el artista quiso quedar bien con quien le paga por el mural, debió ser consciente del sentido público de un trabajo de esta naturaleza.
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