Las 'casas colectivas' son el símbolo de ese modo de vida precario
A veces bien cabe la frase: “Al fin”. Sí, al fin alguien se preocupó de lo que en Guayaquil se conoce como las ‘casas colectivas’, que no son otra cosa que el símbolo de un modo de mirar y atender a la gente por parte de aquellos gobiernos, municipios y entidades del pasado que nunca tuvieron una respuesta sensata a un problema social concreto. Y no solo hay en Guayaquil. Quizá en el resto del país se ocultan de otro modo. Pero es muy significativo tocar este asunto en una ciudad donde el aspecto social ha sido el peor tratado por las autoridades municipales en varias décadas.
En esas ‘casas colectivas’ habitan unas 690 personas de 354 familias. ¿Solo eso no invoca a una llamada de atención para quienes debieron preocuparse de modo urgente? La conclusión inmediata de los estudios realizados indica una dramática realidad: esos condominios no presentan ninguna garantía ni seguridad para sus vecinos. Son estos problemas los que hay que afrontar con urgencia antes de llenar de vidrio, cristal y plástico ciertas áreas de la ciudad. Una regeneración urbana también implica atender estos temas. (O)
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