La rebelión forajida gestó Montecristi y otra relación de poder
Hace diez años hubo una verdadera explosión ciudadana. No necesitó de los partidos ni dirigentes políticos. El hastío llegó a su máximo nivel a causa de un gobierno que reveló todas las taras y males de la partidocracia. Y también a esas fuerzas corporativas que manejaron las políticas y leyes para beneficiarse a plenitud.
La ciudadanía dijo basta y ahí mismo germinó el proceso constituyente más intenso y participativo que se concretó con la convocatoria, realización y redacción de la Constitución de 2008 aprobada por amplia mayoría. Ahora, a la distancia de diez años, el movimiento forajido también cambió las relaciones y equilibrio de poder.
Esas fuerzas políticas conservadoras (con el apoyo de ciertos grupos que se llaman de izquierda) quieren ahora otra Constitución y, en la práctica, volver a ese modelo que los forajidos desenmascararon en las calles. Durante estos diez años, además, se han producido transformaciones de fondo a favor de los pobres.
Si algo habrá que aprender de los forajidos es ese hondo espíritu insurgente para profundizar los cambios y ciudadanizar toda revolución. (O)
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