La gloria de Pichincha debe comprometer a militares y ciudadanía
La gesta del 24 de Mayo de 1822 retumba en nuestra memoria. Y lo hace para recordarnos siempre que los más altos intereses nacionales, del pueblo y de la historia están por encima de cualquier disputa particular o gremialista. En esa batalla, el mariscal Antonio José de Sucre se miró ante la historia, y no solo estuvo pendiente de sus tropas o del sacrificio al que las enfrentaba. La independencia del yugo español nos devuelve cada día a pensar cómo hacemos de la patria y de sus obligaciones un espacio colectivo para la emancipación general. Por eso, un día como hoy estamos comprometidos al grito pleno de libertad. De ahí que sea oportuno imaginar desde ahora cómo podemos transformar al país, con base en los principios de la Constitución, para dejar de lado prebendas o aspiraciones particulares y a favor del bien común. Los ejércitos libertarios nos marcaron una sola razón de ser como herramientas de la liberación: la lucha popular no escatima nada para la transformación colectiva. O como dijo el ‘Viejo Luchador’, el gran general Eloy Alfaro: “Nada para nosotros, todo para la patria”. Así debe ser. (O)
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