¿La caída de Jamil Mahuad dejó alguna lección democrática?
La respuesta obvia sería sí. ¿Y por qué? ¿Tenemos en el presente una lectura para una buena pedagogía del real significado de la destitución del expresidente democratacristiano? Él fue el instrumento perfecto de una lógica y una estructura oligárquica asumidas como legítimas, donde todo el aparato mediático y político lo colocó para cumplir unos objetivos claros: liberalizar la economía y garantizar al sistema financiero las condiciones para su existencia sin límite.
También hay otro: quien lo destituyó cumplió rol clave y determinante: garantizar la continuidad del proyecto oligárquico bajo un supuesto discurso nacionalista. Ni el destituido ni quien lo sucedió, y mucho menos quien luego de dar el golpe llegó a la Presidencia, rompieron la dinámica neoliberal.
Cuando se critica la continuidad, se olvida que por más ‘alternancia’ (con caídas y golpes) que se exalte, lo de fondo está en otro lado. La lección está, al presente, en entender la democracia real como un verdadero sistema antioligárquico.
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