Guayaquil no acierta con sus nuevos monumentos
En los últimos años, Guayaquil ha tenido una desafortunada historia con sus monumentos. La ciudad tiene estatuas icónicas como La Rotonda, que inmortaliza el único encuentro que tuvieron Bolívar y San Martín, pero las nuevas no han logrado que la población se apropie de ellas y más bien han generado críticas y burlas. Primero fue la malhadada estatua del niño lustrabotas, y luego las enormes esculturas de Guayas y Quil, que eclipsaron la de Eloy Alfaro, ubicada muy cerca de allí. Lástima porque mientras la primera representa una fábula, la última recuerda un hecho real, pues fue en el puerto principal donde surgió la Revolución Liberal.
La más reciente polémica surge por el ‘Monumento a la Hospitalidad’. Se trata de dos manos que se entrelazan y que si no fuera porque el Municipio ha explicado su concepto nadie lo entendería. Aparte de ser una escultura poco agraciada, las burlas demuestran que es un trabajo que no ha alcanzado un sentimiento de identidad. Hace falta mayor vocación en la Dirección de Cultura del Cabildo a la hora de aprobar estas iniciativas. No hay socialización con los diversos grupos sociales que conforman Guayaquil y ahí están los resultados. Las recientes esculturas rayan en lo cursi. Así la gente lo percibe. (O)
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