La velocidad en las redes afecta a los contenidos

- 01 de octubre de 2019 - 00:00

Las redes sociales nos dan hoy la posibilidad de comunicarnos y expresarnos con libertad. Sin embargo, también producen una competencia por el afán del “palo periodístico”, es decir ser los primeros en publicar. Si bien llevar la delantera en la información o la opinión es un impulso válido dentro de la gran carrera que es la comunicación, esa velocidad tiene el peligro de afectar los contenidos y, un poco más allá, a la lengua.

Los especialistas advierten que uno de los grandes problemas de las redes sociales estriba en esa necesidad que se torna compulsiva de comunicarnos con rapidez sin detenernos en la manera en que lo hacemos, pues, como muchos piensan, “mal que bien nos van a entender”. Mostrarnos y tener una respuesta inmediata muchas veces trae como resultado textos que lamentablemente sufren de una gran ligereza por obviar las normas gramaticales y ortográficas.

Vivimos tiempos en los que tomar la delantera en la información se convierte en algo más importante que presentar un texto bien escrito. A este intento de inmediatez se suma la síntesis de la escritura que, en la mayoría de los casos, afecta la calidad de los textos respecto a las reglas de la buena escritura.

Un aspecto positivo de las redes sociales es que facilitan que los jóvenes de hoy lean y escriban con mayor frecuencia. Lo negativo es que no se hace el esfuerzo por cuidar la forma y dejamos a la tecnología lo que solo podemos hacer los humanos.

La lengua es un aspecto imprescindible dentro de las relaciones sociales, y escribir correctamente es una regla de oro para preservarla. Los diferentes niveles de enseñanza, especialmente los iniciales, tienen el reto de educar en la corrección idiomática.

Pese a que la universidad puede contribuir finalmente a la formación en este sentido, es primordial una base sólida en la escuela y el colegio. Es momento también de dar un vuelco al sistema de enseñanza de la lengua, que todavía adolece de rígidos métodos memoristas, cuando debe entenderse como un elemento vivo. (O)

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