Necedad y sordera, un mal que termina

03 de abril de 2011 - 00:00

En la Carta abierta a la patria, 1955, Julio Cortázar escribió que “En cada piso hay alguien que nació haciendo discursos para algún otro que nació para escucharlos y pelarse las manos”.

La analogía que proponemos tiene que ver con la campaña electoral para la consulta popular que se realizará el 7 de mayo y la necedad de los voceros de la oligarquía-populista que insisten en ser los proponentes de los ajustes -o criticar los que vienen del Poder Ejecutivo- cuando no fueron capaces de impulsarlos mientras disfrutaron de las delicias del poder. Eran tiempos en los que tenían no solamente la sartén por el mango, sino, como decía un cantautor argentino, el mango también.

Y nunca como ahora tiene plena vigencia un grafito escrito en las paredes del Teatro Odeón de París, en mayo del 68, para invitar a los necios y sordos a ejercitar el pensamiento positivo frente a la velocidad de los cambios en una sociedad dominada por la prepotencia, la soberbia y el miedo: “Desabotónense el cerebro tantas veces como la bragueta”. La ilustración semántica, que podría ser tomada como una grosería por los hipócritas,  va dirigida a las élites que hoy, cuando están condenadas a enfrentar irremediablemente a los poderes del cristal constitucional -con pequeñas empañaduras que el plebiscito se encargará de pulir-, ya no podrán impedir la corrección del rumbo de sus excesos y privilegios mantenidos bajo esa típica doble moral que nunca escatimó en exprimir la efervescencia de los sectores populares, pero siempre cuidándose de no alterar esa  naturaleza pasiva y victimizada, que es como hubieran querido  que permanezca por siempre.

No está demás advertirles que los procesos revolucionarios cuando empiezan, no se detienen hasta apuntalar una paz duradera que tiene en la equidad la unidad indivisible del bienestar ciudadano que nunca más podrá ser encarrilado en los desniveles provenientes de un sistema político excluyente, unilateral y falaz.