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Hacer el juego al correísmo

24 de noviembre de 2020 00:00

Revolución Ciudadana. Esta bancada tiene un sentenciado por el delito de paralización de servicio público: ingresó a las instalaciones de un pozo petrolero, en Sucumbíos, durante las protestas de octubre de 2019. Pero no es el único. Incluso hay autoridades y funcionarios provinciales que son investigados en la Fiscalía por incitar, supuestamente, a las movilizaciones violentas con fines desestabilizadores.

Para este grupo parlamentario el juicio político contra la ministra de Gobierno, María Paula Romo, es una oportunidad única para “devolver” a la actual administración todo lo ocurrido con su exmovimiento Alianza PAIS pero, sobre todo, la sentencia de ocho años contra Rafael Correa por corrupción en el caso Sobornos 2012-2016. Una sentencia de la Función Judicial, que actúa con independencia, y respetando el debido proceso.

A la Secretaria de Estado se la acusa de frenar los ataques incendiarios que sufrió Quito, de impedir que destruyan más edificios públicos y privados, de evitar los saqueos, y de que se tomen la Asamblea, los pozos petroleros, las carreteras.

Quizá esperaban que la Ministra bajara los brazos y los violentos convocaran a una Asamblea Constituyente que borrara todo vestigio sobre la reinstitucionalización a este país: el diálogo con todos los sectores y la consulta popular. También pretendían garantizar la impunidad a las exmáximas autoridades, así como a exministros, muy cercanos a ellos.

Destituir a María Paula Romo sería un acto de venganza del grupo correísta que se quedó sin partido, sin poder, sin medios para su propaganda política y persecución, y con sentencias por corrupción como cohecho, asociación ilícita, o delincuencia organizada.

Pero hay otra bancada, de 16 integrantes, que ha votado al lado de la Revolución Ciudadana en 28 ocasiones, y espera destituir a la ministra Romo. ¿Por qué? Por ventaja política, es período de elecciones y no quieren que los relacionen con el actual Gobierno.

No se entiende cómo organizaciones, que se autoproclaman como respetuosas de la democracia, se sumen al juego del correísmo. (O)

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