Quito es más que una Carita de Dios o un edén de maravillas
Quito no solo se ha convertido en el centro de una acelerada y emergente actividad cultural en el país, también, la estructura económica de la capital muestra un mayor dinamismo en diferentes sectores que aportan considerablemente al Producto Interno Bruto del Ecuador. Por ejemplo, las principales actividades económicas que se desarrollan actualmente están en las áreas comercial (49%), industrial (11%), de información y comunicaciones (4,6%) y en otro tipo de servicios (9,1%). Por otra parte, y según el Sistema Nacional de Información, frente a una Población Económicamente Activa (PEA) de 1’097.521 personas, 215.952 están ocupadas en actividades relacionadas con el comercio; 141.185 laboran en el área manufacturera; 135.313 trabajan en el sector público y 39.696 viven de la agricultura, silvicultura, caza o pesca.
A pesar de que este panorama resulte un tanto alentador, y reconociendo que aún las desigualdades territoriales existen en diferentes zonas de la capital, el debate sobre el porvenir de Quito debería enfocarse en la forma en cómo queremos mirarnos y desarrollarnos como sociedad. Es decir, queremos seguir sintiéndonos orgullosos cuando nos nombran como la ‘Carita de Dios’ o como un ‘edén de maravilla’, o queremos reconocernos como una sociedad crítica y consciente de su pasado histórico. Evidentemente, hay que apostarle a la segunda opción.
Ahora que recién se conmemoró un año más de la fundación española de Quito, valdría la pena hacernos varias preguntas en torno a estas fechas: ¿qué estamos realmente celebrando?, ¿hay algo que festejar, en tanto la fundación representó un acto de opresión y violencia hacia nuestros pueblos ancestrales?, ¿qué tipo de valores y principios son los que se nos inculcan en estos días? Convencionalmente, la fundación española de Quito implicaba un festejo acrítico a los discursos triunfantes de la dominación y la desigualdad. Ahora, gracias a la movilización de varios grupos sociales e intelectuales, representa la oportunidad para pensar qué tipo de memoria histórica deseamos construir. Definitivamente, debe ser una incluyente, diversa, propositiva, pero sobre todo, justa con quienes nos precedieron y lucharon por la libertad y justicia.
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