¡Es lamentable! Cuando uno se dirige al portal web o a las estanterías físicas de las librerías con mayor afluencia de gente en el país encuentra que en sus perchas se destacan únicamente los textos de mayor “popularidad” y venta de la semana (que son los mismos de cada año, inclusive); las personas encargadas de “orientar” (libreros) al potencial lector hacia un libro de calidad (nos referimos a los textos divorciados de la lógica comercial) no cumplen su rol fundamental: aproximar al consumidor a una narrativa (que puede ser literaria, económica, sociológica o de cualquier otra rama del conocimiento) que le permita tener una visión más plural y crítica sobre los hechos que está interesado en explorar.
Así, mientras que un sonadísimo escritor brasileño señalaba: “Los autores de hoy quieren impresionar a sus pares. Uno de los libros que hizo ese mal a la humanidad fue el Ulysses, que es solo estilo. No hay nada ahí. Si tú disecas el Ulysses, da para un tweet”, las librerías del país, a pesar de ese ensordecedor comentario, no dejaron de posicionar con fuerza a la literatura de este particular personaje.
Y solo para reflexionar, James Joyce, autor del tan mencionado Ulysses, es hoy por hoy el representante más destacado de la corriente literaria denominada modernismo anglosajón. Es reconocido mundialmente como el escritor de mayor influencia en la narrativa del siglo XX, pues además de habernos heredado la joya del Ulysses, y su posterior novela Finnegans wake, han sido altamente apreciadas las series de historias breves publicadas bajo el título de Dublineses.
Por lo tanto, las políticas de acceso al libro deben ser más agresivas, pero que no se concentren en los privilegiados centros de “acopio” del país, es decir, en las librerías y bibliotecas de las ciudades “estrella”, sino que se disemine en comunidades, pueblos y entre otros potenciales lectores que no necesariamente están en las urbes.
Además, es necesaria una política cultural y económica que revierta las perversidades del mercado sobre los precios, tributos y aranceles sobre los libros; y más que nada, una política que estimule y proteja a los proyectos independientes que funcionan por fuera de la lógica comercial, donde si encontraremos sin ningún problema al Ulysses.