Terremoto en Ecuador 100 días

Canoa se convirtió en un lugar perdido bajo el sol

Entre los escombros, sus moradores anhelan el pronto retorno de los foráneos para reactivar su economía.
26 de julio de 2016 00:00

El silencio es perturbador. En un lugar donde el turismo bullía en esta época del año, ahora apenas se observan algunas decenas de visitantes que recorren la playa, en medio de locales, en su mayoría cerrados.

El ritmo frenético que caracterizaba al balneario de Canoa (provincia de Manabí) fue reemplazado, a raíz del terremoto, por una calma inquietante. La localidad fue una de las más golpeadas por el movimiento telúrico, pues cerca del 60% de las edificaciones, en su mayoría hostales y viviendas de construcción mixta que le daban un aspecto rústico que acogía a propios y extraños, sucumbió aquel 16 de abril. Una vez que esas construcciones fueron demolidas, quedan restos de madera, caña y cemento en los terrenos baldíos.

Quienes perdieron sus hogares ocupan un amplio espacio donde había una cancha de tierra. En carpas o en pequeñas habitaciones de madera y techo de zinc, reciben víveres. El Municipio de San Vicente les provee de agua potable en forma gratuita, dicen, cada 4 días. El servicio de energía eléctrica fue restablecido, de modo que solo les queda esperar a que el Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda (Miduvi) termine la evaluación de las infraestructuras. Y a otros, legalizar sus predios.

A sus residentes les preocupa la escasa afluencia de visitantes, pese al llamado de las autoridades para reactivar la economía del lugar. “Esta era la época del turismo de la Sierra y hasta los extranjeros nos visitaban”, asegura José Barrios, quien tenía un puesto de comidas en una cabaña cerca de la playa,  pero que el terremoto la redujo a escombros.  

Para este joven, el silencio y la soledad son inquietantes. Afirma que después del sismo parecería que la gente se hubiera olvidado de que existe Canoa. “Es como si estuviéramos perdidos”, asegura.  

En la playa, el silencio apenas se interrumpe por el suave rumor de las olas del mar. Sobre la arena descansan David Sternad y Gabriela Kattenback, los únicos extranjeros en Canoa. Ellos vinieron de Austria y durante su periplo por varias ciudades del Ecuador, decidieron conocer esta localidad. “Comprendemos que haya temor, pero la gente tiene que venir a esta playa a pasar sus vacaciones, es la única manera de que el pueblo retome la vida que tenía antes”, afirma Sternad.

Mientras el sol calienta la playa, Patricia Delgado se apura en preparar unos bolones para los pocos comensales que esperan en su negocio; ella muestra una actitud positiva. “Nos estamos levantando de a poco, hay que tener fe, esto pronto pasará y Canoa volverá a ser como antes”, sostiene con firmeza.

Entre sus calles polvorientas a menudo se observan piquetes de policías que recorren el poblado, mientras que un grupo de jornaleros trabaja en la construcción del alcantarillado sanitario. (I)

Miduvi inspecciona estado de inmuebles

El Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda (Miduvi) evalúa los inmuebles. Según  Wilmer Moreira, técnico de la institución, solo la demolición de 7 edificaciones está pendiente. Quienes quieren reconstruir deben obtener el permiso, previo estudio del suelo, y la aprobación de los diseños otorgados por el Municipio.    

Las actividades productivas en el cantón se han normalizado en un 30%. La gente vive de la pesca y la recolección de conchas.

La ausencia de clientes hizo que los precios bajaran. La libra de camarón se encuentra desde $ 3; mientras que la de pescado a $ 0,20; las 100 conchas, a $ 5, y los fines de semana los platos en los restaurantes cuestan $ 4.

Pese a las ruinas, sus moradores no pierden las esperanzas. Los dueños de negocios instan a los ecuatorianos a que visiten el balneario.
Foto: Willian Orellana/El Telégrafo
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