En 100 años la temperatura de Quito se alteró 0,12 grados

- 15 de noviembre de 2019 - 00:00
En las provincias del sur del país, El Oro, Azuay y Loja, octubre y noviembre han sido meses lluviosos, algo que no sucedía desde hace 30 años.
Foto: Néstor Espinosa / El Telégrafo

Los técnicos del Inamhi consideran que aunque las variaciones climáticas parezcan mínimas, estas afectan gravemente al ecosistema. Por ejemplo, generan brusquedad en las lluvias o sequía.

Noviembre, para el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi), es el mes de transición de la época seca a la lluviosa.

En general es tiempo de lluvias y lloviznas en el país, pero dentro del territorio nacional se presentan otras particularidades en estos días. Precipitaciones donde antes no las había y viceversa; es decir, que ya no hay lluvia cuando antes la había.

Guillermo Flores, analista del Inamhi, detalla que estas situaciones están sujetas a condiciones geográficas y a factores externos.

En el primer ámbito se considera los niveles de vegetación. “Esto es muy importante. En sitios deforestados las lluvias se vuelven menos frecuentes”, sostiene. Por ello, no es casualidad que en ciudades como Quito y Guayaquil, las precipitaciones tengan intensidades distintas dependiendo de la zona. En la capital, las lluvias más fuertes se presentan en zonas periféricas, donde hay más árboles.

Los microclimas cambian de acuerdo a los elementos que los componen, explica. En cambio el ingeniero ambiental Boris Malavé señala que estos climas se alteran por la construcción de represas y otras infraestructuras.

En la vía a la Costa, entre Guayaquil y Santa Elena, existe una variedad de condiciones climatológicas incluyendo neblina y zonas áridas. Los cerros de la cordillera Chongón-Colonche y el trasvase hacia Santa Elena aportan en esta situación.

En Quito, pese a que siempre se consideró “variable” el clima, en los últimos años los extremos en cuanto a las épocas de lluvia y seca son más evidentes.

Luis Maisincho, director de Estudios e Investigación del Inamhi, señala que la capital en los últimos 100 años registra un incremento en la temperatura de 0,12 grados celcius.

A primera vista la cifra no impresiona, aunque una modificación de la temperatura como esta influye en la estabilidad del clima en la ciudad. Por ejemplo, la distribución de las precipitaciones en la época de lluvia sufrió una variación drástica y ahora la cantidad promedio de agua que se espera en la temporada puede llegar en pocos días de fuertes aguaceros.  

De igual manera, las olas de calor son más frecuentes e intensas. En coincidencia con organizaciones de conservación ambiental, Maisincho atribuye esta inestabilidad climática a la contaminación producida por los gases de efecto invernadero que invaden la atmósfera. (I)

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Desertificación en Manabí sería un efecto del cambio climático

El experto en Hidrología y académico, Xavier Valencia, considera que es obvio el proceso de cambio climático. Sostiene que su hipótesis -que tiene que ser comprobada en términos de monitoreo histórico- es que “estamos viviendo un proceso de desertificación que todavía es incipiente en Manabí, pero que desde el sur, Chile Perú y Ecuador ya se nota”.

Detalló que pasarán décadas para notar los efectos más graves, pero los síntomas son las altas temperaturas en el día y frío en la noche. “Esto habría que comprobarlo haciendo monitoreo y modelos más específicos y por ahí parecería la tendencia en el cambio, un problema de desertificación.

Dice que hay algunos índices que demuestran su sospecha, que es la evapotranspiración en función de la precipitación. Manabí es una de las provincias de Ecuador que en los pasados 30 años ha enfrentado largos períodos de sequías extremas, con destrucción de la flora y muerte del ganado. (I)

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