La Organización de Países Exportadores de Petróleo no está cumpliendo con sus objetivos fundacionales

Una reunión extraordinaria de la OPEP podría contener la caída del precio del crudo

- 23 de enero de 2016 - 00:00

Ecuador y otros miembros del organismo han solicitado que se emprendan acciones emergentes para regular los mercados y normalizar las expectativas del negocio.

Durante la última semana, los precios internacionales del crudo han continuado con su tendencia a la baja. En el transcurso de una misma jornada de cotizaciones, aquellos experimentaron ligeros incrementos y descensos. Ayer, el barril de “light sweet crude” (WTI) subió $ 2,66 dólares a $ 32,19, lo que significa un aumento del 9,01% en el día y del 13,54% en 2 sesiones.

Además de afectar las expectativas de los ingresos en los países exportadores de petróleo, aquella volatilidad ha incidido también en los mercados financieros, una dinámica que arrastra a su vez los precios de otros productos básicos.

Para contener o revertir la tendencia a la disminución de los precios del crudo y sus fluctuaciones cotidianas, Venezuela propuso fijar el precio del barril en $60 y envió una carta a los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), plantándoles la realización de una reunión extraordinaria en febrero. Hasta que esta iniciativa pueda ser aceptada y efectivizada, la insatisfacción por el comportamiento del mercado petrolero internacional aumenta.   

La OPEP en perspectiva

En el primer año de su gobierno, el presidente de la República, Rafael Correa, tomó la decisión de reincorporar a Ecuador a la OPEP. Se rompió así un aislamiento que el país se impuso con su salida de esa organización en 1993.  En el discurso efectuado en la III Cumbre,  realizada en noviembre de 2007, el Mandatario recordó que esa organización fue creada en 1960 para establecer una política soberana para las naciones exportadoras y definió como su principal objetivo “garantizar precios justos y estables para los productores de petróleo, el abastecimiento eficiente, económico y regular de petróleo a los países consumidores y un rendimiento justo del capital de los inversores”.  

Al referirse a la reincorporación de Ecuador, el presidente Correa dejó entrever algunas razones que propiciaron tal decisión. Se destacó entonces el interés de “fortalecer con nuestra presencia latinoamericana a este organismo y reencontrarnos con la solidaridad entre productores, para que con políticas debidamente concertadas podamos mantener el delicado equilibrio entre el abastecimiento adecuado del mercado, un justo pago para los productores y la preservación del medio ambiente”.

Entre las políticas concertadas que podían haberse implementado porque fueron avizoradas anticipadamente hace 9 años, el presidente Correa planteó “lograr que las transacciones mundiales de petróleo se realicen en una moneda estable”.

Si no sucedía así, el Mandatario advirtió que los países en desarrollo transferirían parte de su riqueza a los países más ricos del mundo.

Al margen de lo anterior, al momento de su reingreso a la OPEP, Ecuador esperaba que esa organización diera saltos cualitativos e incursionase en nuevos ámbitos de cooperación económica para el desarrollo de sus países miembros. Entre estos, el presidente Correa propuso la creación de un banco que ofreciese una alternativa de financiamiento para sus países miembros e incluso para los países pobres del planeta. También enunció la posibilidad de que la OPEP pudiese convertirse en “el gran coordinador mundial para la lucha contra las emisiones de CO2”.

Un desempeño decepcionante

Desde 2007 hasta la fecha, la OPEP no logró expandir su rango de actividades hacia la promoción de una visión integral del desarrollo. Tampoco sus objetivos constitutivos han sido garantizados a pesar de que los países en desarrollo han jugado limpiamente en el mercado internacional del petróleo.

Y esto puede ser apreciado a través del ‘Revenue Watch Index’ 2010, una evaluación internacional cuyo propósito es promover el manejo transparente de la actividad petrolera a nivel mundial. En el índice de 2010, Ecuador estuvo situado entre los pocos países que habían demostrado una ‘transparencia integral’ en el manejo de los recursos. En cambio, la mayoría de sus socios en la OPEP obtuvieron puntuaciones en las escalas de transparencia ‘parcial’ y ‘escasa’.

Una gestión sesgada del precio

En estos momentos, para los países en desarrollo, la transparencia informativa no representa el principal problema a ser solucionado en una eventual reunión en febrero.

En esta, el meollo del asunto podría ser otro: los precios del barril reflejan posiciones de ‘dominio de mercado’ que son la consecuencia de la ampliación y utilización estratégica de las reservas de crudo.  

Al interior de la OPEP, Arabia Saudi, Irán, Irak, Kuwait y Emiratos Árabes concentran 760 billones de barriles de las reservas probadas hasta 2014.

Por ello sus decisiones individuales inciden sustantivamente en la pauta de los precios del crudo a nivel mundial. Y esto podría explicar por qué ese cartel no ha viabilizado acciones que incrementen los precios del petróleo y les permitan a los países en desarrollo recuperar sus costos de producción.

Con respecto a estas pérdidas, se encuentran evidencias en la evolución del ‘Índice de Precios del Crudo’ (IPC) elaborado por el Fondo Monetario Internacional, el cual establece un promedio simple de los precios ‘spot’ de los crudos Dated Brent, WTI y Dubai Fateh.

Entre diciembre de 2007 y diciembre de 2015, el IPC cayó desde 168,05 a 68,6. Es decir, en diciembre de 2015, el barril de crudo tuvo no solo un valor inferior al que tenía en 2005 sino que se asemejó al valor de junio de 2004 (66,6).

En correspondencia con esas circunstancias, durante la última semana, el presidente Correa destacó la necesidad de que la OPEP regule la producción de crudo y contribuya así a un incremento de los precios a corto plazo. Con esta posición estarían de acuerdo otros países como Venezuela y Nigeria. (I)

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Deuda nacional llega al 44,9% del PIB

México subasta dólares para afrontar la crisis

Un año lleva México inyectando liquidez a su mercado cambiario y 2 meses con un volumen de $ 400 millones por día, y aún no ha logrado detener la caída de su moneda, que el jueves superó la barrera de los 19 pesos por cada dólar estadounidense. Solo entre miércoles y jueves la depreciación fue de 25 centavos, consecuencia de la volatilidad en los mercados financieros, en una mala combinación con la baja en los precios internacionales del petróleo y la desaceleración de China.

Ante tal escenario, la devaluación podría ser mayor pero ha estado relativamente controlada debido a una política vigente desde fines de noviembre de 2015.

Luis Videgaray, secretario de Hacienda, asegura que “el mecanismo actual de subastas de dólares (el cual se activa), cuando el tipo de cambio rebasa o se deprecia más del 1 por ciento, está funcionando”.  Un mecanismo que caduca el próximo viernes 29 de enero y sería renovado. Analistas del grupo financiero Banorte-Ixe estiman que, en lugar de subastar $ 400 millones por día, el Banco de México pasaría a inyectar casi el doble, hasta $ 700 millones por jornada, con tal de evitar un desplome mayor del peso.

Videgaray no ha adelantado detalles aunque sí prometió que no habrá aumento de impuestos ni un nuevo ajuste presupuestal, después de los realizados a los últimos 2 ejercicios federales.

La tranquilidad que transmiten las autoridades mexicanas contrasta con los indicadores de cada día, no solo por la devaluación de la moneda sino también por la caída en los precios del petróleo, que arrastran a este país productor cuyo presupuesto del Estado depende en un 37% de los hidrocarburos.

En lo que va del mes de enero, la mezcla mexicana de exportación rondó los 19-20 dólares por barril, precio que según analistas no alcanza siquiera para salvar los gastos de producción.

La empresa Petróleos Mexicanos, paraestatal por 75 años que ahora incluye participación privada, atraviesa un momento difícil. En noviembre de 2015 acumuló pérdidas por $ 8 mil millones, es decir un incremento del 60% en su cierre negativo en comparación al 2014.
Mientras se esperan medidas para reducir costos, el presidente Enrique Peña Nieto se embarcó en una gira en busca de alianzas e inversiones con Arabia Saudita,

Emiratos Árabes, Kuwait y Qatar. Insistió en atraer capitales y de cara al Foro Económico Mundial de Davos citó una encuesta según la cual “México se encuentra entre los 10 países que más crecerán”.

Su optimismo contradice al Fondo Monetario Internacional, que ajustó sus previsiones del 3 al 2.6% para este año. (I)

*Por Paula Mónaco Felipe, desde México

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