Los impactos sanitario y económico del covid-19 en Ecuador, medido por: la caída en exportaciones, fuga de capitales, aumento del comercio informal, pérdida de empleos, derrumbe del turismo, suspensión parcial de actividades productivas, confinamiento y otros; hacen que varias empresas registren descensos en sus ingresos y dificultades para acceder a financiamiento de capital, mantener sus actividades, obligaciones salariales y financieras.
Visibles cambios en la dinámica de los mercados de consumo, aunque algunos sectores se encuentren a flote como: gas, electricidad, bancos, seguros, almacenamiento y embalaje, servicios online y salud. Estamos frente a una recesión global profunda, que no es de corto plazo, sino que podrían pasar meses, e incluso años, antes de que volvamos a algo parecido a la normalidad.
Lo complicado de esta crisis, no es la situación actual, o la desconexión entre macroeconomía y salud pública, sino como será enfrentado el futuro con la próxima transición de gobierno. En campaña la constante son generalidades respecto a seguridad, salud, educación con la respectiva ambigüedad del discurso; no se escucha a los candidatos hablar de algún plan alentador, de estimaciones, de crecimiento económico o de implementar políticas públicas para mitigar los efectos del covid-19; aunque algunos sugieran el modelo macroeconómico de Keynes, no tendrá efecto, dado que incentivar el gasto no estimula la producción.
El coronavirus llegó en un pésimo momento y el mundo no volverá́ a ser el mismo después de esta pandemia, habrá cicatrices, pero también esperanza. Por ello es pertinente dejar tanta verborrea barata de improvisados y empezar a ser precisos considerando la realidad del país. Es procedente en esta etapa mantener la vigilancia epidemiológica, fortalecer los sistemas sanitarios, sostener a flote las familias y las empresas, definir reglas respecto a la balanza fiscal y el endeudamiento, implementar programas de asistencia social, con énfasis en el sector informal, lo que evitaría el aumento de la pobreza. Si no recibimos respuesta los votantes a la frustración creciente debido a la falta de oportunidades y desigualdad, quedará nuevamente marcado en los políticos lo dicho por Sócrates sobre la conciencia: “[…] la buena conciencia es la mejor almohada para dormir”.
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