Jubilados esperan respuesta a pago de compensación

- 24 de mayo de 2019 - 00:00
Voluntarios y miembros de organizaciones sociales entregaron cobijas y colchones a los maestros en huelga.
Foto: Carina Acosta / EL TELÉGRAFO

El miércoles 22 de mayo, 24 docentes iniciaron una huelga de hambre en los exteriores de la Asamblea Nacional. Piden el pago de valores adeudados desde gobierno anterior.

Una improvisada caja de cartón les sirve a tres maestros jubilados para solicitar a los transeúntes que caminan por las calles aledañas a la Asamblea Nacional, una colaboración para pagar las carpas donde pernoctan desde el miércoles 22 de mayo, pues el costo por día es de $ 150.

Ese día se declararon en huelga de hambre 24 profesores jubilados; el motivo: que el Estado cumpla con el pago atrasado de sus compensaciones jubilares desde 2008.

Las carpas se armaron en una de las veredas cercanas del edificio legislativo; ahí permanecen los manifestantes. Acostados entre colchones y cobijas conversan sobre su vida, lo que recuerdan sobre su paso por las aulas, la calidad de la enseñanza y el olvido de las autoridades. Solo consumen agua, té de hierbas y caramelos para “endulzar el momento”, dicen.

Personal médico de la Asamblea revisa los signos vitales de los protestantes; lo mismo realizan paramédicos del Ministerio de Salud y de la Cruz Roja.

Sus voces se escuchan con fuerza, gritan consignas a favor de su gremio. Comentan que su lucha también es por aquellos compañeros que fallecieron y que no recibieron su compensación.

“Son 600 maestros que murieron y eran parte de esta lucha. No queremos bonos, queremos nuestro dinero”,  dice Galo Vaca, a través de un micrófono, mientras un grupo ondea los carteles de protesta.

“¡Aplaudan, aplaudan, no dejen de aplaudir, que nuestros derechos se tienen que cumplir!” grita con fuerza Martha Varsalle, quien viajó toda la noche desde Guayaquil para unirse al reclamo.

Martha fue maestra por 41 años en la escuela Juan León Mera de esa ciudad; se jubiló en 2009, recibe su pensión cada mes pero asegura que el dinero no le alcanza. Dice que no descansará hasta que las autoridades los escuchen. “Yo cuido de mis nietas, las adoro, pero tenía que unirme a mis compañeros. Estamos cansados de tantos ofrecimientos”, afirma la mujer.

La mañana avanza, todos los manifestantes querían tomar la palabra, con firmeza aseguraban que no abandonarán su protesta. A lo lejos, expectantes, familiares de los maestros jubilados los escuchan, pendientes sobre todo de que su salud no recaiga.

La mayoría de docentes -que son parte de la medida- trabajaron en escuelas y colegios públicos por más de 40 años, como es el caso de Luis Sandoval, quien viajó desde la provincia de El Oro para denunciar su malestar. “Solo estamos tomando agüita, pasamos la noche con frío, la Policía Nacional nos prestó seguridad. En la madrugada conversábamos de todo un poco”, comenta.

Poco a poco, más profesores se congregan junto a sus compañeros de la huelga, provienen no solo de Quito, sino de otras ciudades como Ibarra, Ambato, Quevedo, Latacunga, etc.

Marina López, de 75 años, por ejemplo, camina de prisa desde la avenida Gran Colombia, calle cercana a la Asamblea; en sus manos tiene un cartel que con una inscripción: “Queremos nuestro dinero, no papeles” .

Atenta mira a sus compañeros, que se encuentran acostados bajo la carpa. De sus ojos salen lágrimas. “No es justo que a esta edad nos traten así, fuimos el pilar de este país, educamos a cientos de niños y jóvenes, pero la ingratitud es más fuerte”, manifiesta.

La jornada de este jueves 23 de mayo se cumplió con reuniones y entrevistas de dirigentes de los maestros, esperan, que hoy 24 de mayo, tras el informe a la nación, por parte del presidente Lenin Moreno, les atienda en una reunión.

La última cita que mantuvieron con el Gobierno fue el 29 de abril, pero su problema viene de hace 10 años, desde el régimen correísta. En dos años, el Gobierno actual pagó cerca de $ 710 millones en compensaciones jubilares. (I)

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