La estafa del black friday y su deformación semántica en Ecuador

- 09 de diciembre de 2018 - 00:00
En algunos casos dependientes de los almacenes en la bahía tomaron como suyas las ofertas de tarjetas de crédito de diferir a 6 meses sin intereses, con un mes de gracia antes de iniciar el pago.
Fotos: Karly Torres / EL TELÉGRAFO

En Ecuador se distorsiona la tradición estadounidense, que dedica un día del año a ofertas, gangas y promociones. Hay casos en que los precios especiales son más altos que los normales.

Empecemos por lo más sencillo y barato. El engaño es descarado. Una franja amarilla en el paquete de tres atunes indica que se trata de una promoción, precio especial que se mantiene desde el pasado viernes 23 de noviembre, cuando en Estados Unidos se celebró el mejor día del año para las promociones, gangas y rebajas, el famoso black friday, el cual ha sido adoptado, adaptado y tergiversado en Ecuador.

Los tres atunes, empaquetados elegantemente en contaminante plástico, cuya franja superior amarilla indica que está de promoción, cuestan $ 4,30. En otra percha de la tienda, los mismos atunes, igual marca y peso cuestan $ 1,16 la unidad, es decir, el valor de las tres unidades llega a $ 3,48 en precio regular; eso es 92 centavos de dólar menos que la supuesta promoción.

Esta, sin embargo, no es la única “oferta” de este supermercado, ubicado en la vía a la Costa, una zona de clase media en pleno desarrollo, en el oeste de Guayaquil. En la sección de licores hay otro letrero de black friday. Allí la “promoción” la impone una botella de aguardiente colombiano seco, sin azúcar, la cual viene acompañada de media botella del mismo licor de yapa, por solo $ 8.

Lo cierto, no obstante, es que esa promoción no es del supermercado: el combo es una oferta de la marca del licor que busca posicionarse en el mercado local. Además, está ahí en esa percha desde hace dos semanas previo a la llegada del black friday.

En otro punto de la ciudad, esta vez en la comercial y agitada avenida Portete, en el Suburbio Oeste, conocidas cadenas de almacenes de electrodomésticos exhiben en plena acera los productos en “promoción”.

Con parlantes a todo volumen llaman la atención de los transeúntes. Entre los artículos se ofrecen colchones de dos plazas a precio de “ganga”: $ 180. La marca local de colchones, no obstante, ofrece el mismo producto en tiendas de otros sectores de la ciudad, con la base incluida, a precio regular, $ 230. Solo el colchón cuesta $ 150, aún más barato que la supuesta ganga.

Ya es sábado 24 de noviembre, en el centro de la urbe, en el sector de la bahía, los letreros del black friday siguen intactos, pero aquí también se muestran en español, idioma que todos entendemos: “viernes negro”. Las “ofertas” siguen tan vigentes como el día anterior. Los cazadores de clientes en estas hieleras e hileras de kioscos pregonan descuentos hasta en la ropa interior. Las tiendas más grandes aquí en la bahía tienen en oferta refrigeradoras, lavadoras, microondas y en todos los casos, la historia es la misma: de oferta no tienen nada.

En esta zona comercial de Guayaquil, los dependientes más bien se apropian de las promociones de las tarjetas de crédito. “Compre ahora y difiera a 6 meses sin interés, con un mes de gracia…”, le recomienda Martha, la dependiente, a una pareja de esposos que busca una lavadora. “Solo por black friday le damos esta opción”, insiste la mujer. De nuevo, la promoción no es del almacén, es de la tarjeta de crédito.

Domingo 25 de noviembre. 19:00, dos días después del black friday, en una tienda de productos de belleza y cuidado personal, en un centro comercial de la vía a la Costa, sobre el vidrio exterior se exhibe un letrero con la inscripción “black friday, desde el 23 hasta el 25 de noviembre”. La deformación semántica del verdadero “viernes negro” es evidente.

Este viernes ecuatoriano incluye tres días. En el interior de la tienda, tres dependientes atienden y ordenan los productos. Aparentemente todo el almacén tiene promociones, pero a la hora de consultar precios, estos no difieren de los regulares. Shampoo, acondicionador y jabón líquido de una marca local cuestan $ 6 la botella de 500 ml y este precio es incluso mucho más alto que el de la botella de 1.000 ml de otra marca también local de las mismas características de calidad, la cual cuesta $ 2.01, en cualquier supermercado.

Gabriela, una de las dependientes, con mucha amabilidad y consideración, defiende las políticas de la tienda y explica que el viernes 23 de noviembre se presentaron las verdaderas promociones.

El guayaquileño Jorge Flores aprovechó el extendido y distorsionado black friday, del fin de semana del 24 y 25 de noviembre, y salió en búsqueda de ofertas. “Buscaba algo para mis hijos (3), pero no encontré nada, literalmente nada que se pueda considerar promoción”, cuenta el hombre de 42 años.

 A Flores se le hace mucho más complicado que a cualquier cliente regular aceptar los engaños de los vendedores. Él mismo, desde que inició su vida laboral, ha trabajado en ventas. Ahora mismo, es gerente de una cadena local de restaurantes.

Flores reconoce que en todos los sitios donde ha laborado han utilizado publicidad engañosa durante el black friday. Recuerda con énfasis un almacén de zapatos en particular, el cual tiene sucursales en casi todos los centros comerciales de Guayaquil. La administración imprimía pósters que se colocaban en los ventanales. Los letreros ofrecían “descuentos de hasta el 50%, pero por lo general no eran más de tres ítems los que se vendían a mitad de precio”, comenta.

Otra mala práctica de los almacenes, reconoce Jorge Flores, es que semanas antes del black friday suben los precios de los productos y los bajan el día de las ofertas.

En este punto, la guayaquileña y maestra universitaria Gabriela Jalil coincide con Flores. “Yo nunca salgo a buscar ofertas porque estas no existen”, destaca. Jalil cuenta que la práctica de subir precios para luego bajarlos la ejercen todas las tiendas y marcas locales e internacionales que operan en el país. (I) et 

Daño colateral

Caos y Centros comerciales 

El viernes 23 de noviembre, la  avenida Carlos Julio Arosemena se congestionó desde la altura del la Universidad Católica hasta Diario EL TELÉGRAFO por las “promociones “ de un centro comercial ubicado en ese sector. 

50 por ciento de descuento solo aplica a determinados ítems  y no pasan de tres por tienda.

Publicidad y malas prácticas

En la mayoría de los casos, cuenta Jorge Flores, los letreros son engañosos. Hablan de grandes promociones pero en letras pequeñas ponen las restricciones y al final no hay oferta.

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