Coworking, una tendencia para los nuevos negocios

El auge de esta práctica genera un ingreso extra para quienes los alquilan, mientras que los emprendedores optimizan sus costos.
05 de octubre 00:00

Ecuador es uno de los países con más alto índice de emprendimientos pequeños y grandes ya que, según el Global Enterpreneurship Mentor, registra un 37% de Tasa de actividad emprendedora temprana (TEA). Sin embargo, en su mayoría son negocios que surgen por la necesidad de percibir ingresos.

Esto, a decir del economista y máster en finanzas, Cristhian Cordero, hace que los emprendedores se aventuren a montar un negocio sin conocimientos o estudios previos sobre su manejo y corren el riesgo de perder su inversión.

Por esa razón, Ecuador también registra un alto porcentaje de empresas que fracasan:28% frente al 37% de las recientemente creadas.

“Existe el emprendedor por necesidad, que no eligió serlo sino que la situación lo llevó a ver qué hacer para poder vivir. Este se lanza sin análisis de mercado, sin conocer la competencia y por ello tendrá una vida corta”, afirma el experto.

“El problema es que hay poca innovación en los emprendimientos y mientras no tengan aquello cualquier negocio estará atrapado por el gran mercado y puede quebrar”.

Para reducir el impacto de los gastos corrientes que demanda un negocio, a escala global, está en crecimiento la tendencia del espacio compartido: coworking.

Aunque no es una práctica nueva, ofrece un lugar de trabajo para que varios emprendedores o equipos desarrollen sus actividades de manera más económica.

Los costos a los que se enfrenta un emprendedor para permanecer en el mercado son muy altos, hay barreras de entrada como la obtención de permisos y registros, el pago de servicios básicos y mantenimiento.

Y quienes no cuentan con ello deben, al menos, cubrir los costos de consumir en una cafetería, donde permanecen unas horas, para reunirse con sus clientes.

Esas prácticas están siendo desplazadas por el crecimiento del coworking. Se trata de espacios de trabajo que han tenido una acogida importante en las ciudades más pobladas del país.

El experto sostiene que el emprendedor que sabe lo que hace y que está preparado para cubrir una necesidad del mercado se apoyará en estos ambientes porque ha descubierto un área donde puede ganar e innovar junto con otros.

Todo profesional quiere estar en un lugar seguro, cómodo y en un sector estratégico. Estas condiciones le ayudan a concentrarse y mantener contacto permanente con potenciales clientes.

Un equipo multidisciplinario
La sinergia es lo más importante pero no siempre esto será en un coworking. Hay lugares que se comparten para brindar servicios a quienes lo requieran y estos han variado significativamente de acuerdo con lo que el cliente busca.
AsertivaLab, ubicado en Guayaquil, en La Garzota, se creó con el fin de ser un verdadero laboratorio de emprendedores. “Es un espacio que propicia un ecosistema de emprendimiento para atraer a negocios nacientes y apoyar a los emprendedores”, asegura

Cordero, quien se sumó hace dos años a este mercado.
Interactúa diariamente con distintos tipos de negocios, creando un campo de acción constante al que no califica como una extensión de bienes raíces.

“Aquí se genera contenido y negocios, no debemos rentabilizar el metro cuadrado dentro de las oficinas, el coworking debe ir mas allá, es la gestión del conocimiento que se pueda generar dentro de este ecosistema. Tenemos una línea de educación y conocimiento, escuela de análisis de finanzas y temas bursátiles, esto es incubación”, afirma.

Hace tres años en la vía a Samborondón apareció Panal coworking, un amplio espacio que abrió posibilidades a cinco amigos que se hicieron socios para dejar de trabajar en casa.

Coworking, una tendencia para los nuevos negocios

La idea la captaron de un viaje a Nueva York en el que identificaron este negocio y hoy cuentan con muchas ventajas.
Dos de sus socias fundadoras, Claudia Cervantes y Cristina Florido, de ventas y marketing, respectivamente, afirman que el dejar de trabajar en la casa les abrió grandes caminos para brindar lo que buscaban ellas y otros:un lugar seguro y con todos los servicios. Tal ha sido su acogida que hace un año abrió su segundo espacio en Puerto Santa Ana.

Esta comunidad, como la describen, creció con las redes sociales y del boca a boca. “Cambiamos la idea de acuerdo con las necesidades de los clientes, con las divisiones, distintos planes y servicios. Si hay algo que se aprende de este proceso es que los cambios son constantes”, comentó Florido.

Según la web www.coworker.com que une y promociona a escala mundial estos espacios, en Ecuador hay 59; 38 en Quito, siete en Cuenca y en Guayaquil 14. De ellos, Panal cuenta con valoración máxima, lo que le ha significado un premio.

Cordero contrasta en que el ecuatoriano no define bien este concepto, hay los que hacen espacios en su casa, los que les quedó muy grande la oficina y deciden alquilar y se autodenominan coworking y considera que en Guayaquil no deben haber más de 10 que realmente tengan un modelo de gestión como tal.

Cada sitio debe brindar asesoría o mentoría y eso depende mucho de quien está detrás del mismo, hay que generar charlas y cursos para reforzar las capacidades de todos los que trabajan y alquilan.

Hay profesionales que han decidido compartir su lugar de trabajo, como Karelia Rabilero, ginecóloga y Bernardo Fernández Laplace, médico general e intensivista.

Esta pareja de esposos encontró en el hecho de compartir su consultorio la solución para atender de manera particular. Si bien cuenta con trabajo en Aprofe y en la Clínica Alcívar, respectivamente, coordinan sus agendas para usar por horas y en días específicos el lugar ubicado en el edificio Medicorp de la Kennedy.

“Nos movemos mucho para estar en sintonía, usar el consultorio y no cruzarnos con los pacientes; nos manejamos previa cita para no hacerlos esperar. Pero sin duda la ubicación es importante, ya que la ciudadela Kennedy es fácil de encontrar”, cuenta Fernández Laplace.

Rabilero comentó en cambio que ha sido ideal compartir un espacio para dar consultas y que a veces los pacientes pueden tener alguna patología y son directamente derivados a su esposo como médico general e intensivista y en el mismo consultorio se tiene todo para atenderlos.

Lo mismo se ve en restaurantes que en el día son una cosa y en la noche se transforman para brindar otras opciones al comensal. (I)