Caracoles destruyen cientos de hectáreas de cultivos de arroz

03 de abril de 2011 - 00:00

Hace cinco años, miles de caracoles -de una especie introducida, no autóctona- empezaron a invadir vastos sectores  de las provincias del Guayas, Los Ríos y Manabí, donde, ya para hoy, han destruido cientos de hectáreas de cultivos de arroz. La situación se ha agravado considerablemente, y son varios los agricultores que piden ayuda gubernamental para combatir esta plaga que les ha causado cuantiosas pérdidas económicas.

Los arroceros no saben de dónde vino el molusco, que en poco tiempo se ha reproducido de forma alarmante. Los sembríos  en la provincia del Guayas son los más afectados.

“Hace cinco años pensamos que esta era una plaga que muy pronto  desaparecería y no causaría problemas. Ahora este caracol se está comiendo la mayoría de nuestras hectáreas y si no se lo controla van a desaparecer los cultivos de arroz en la provincia”, afirma Luis León, presidente de la Asociación Santa Cecilia, ubicada en Naranjal, provincia del Guayas, quien asegura que perdió en los últimos años más de 20 hectáreas de la gramínea.

León indica que la situación es preocupante en el sector en la medida en que en  cada  metro cuadrado hay miles de caracoles. Enfatiza que si no se hace algo para combatir la plaga, la producción de arroz en unos 4 años dejará de existir en Naranjal y en otros cantones del Guayas. “La situación es real, varias personas no lo toman en serio y en unos cuantos años ya se verán las terribles consecuencias”, advierte; “para eliminar la plaga se está utilizando un químico cuyo uso está prohibido por su alto contenido tóxico”.

El Caracol (Pomacea canaliculata) es, tradicionalmente, una de las principales plagas del cultivo de arroz. Filipinas, China, Japón, Tailandia y Nueva Guinea fueron los primeros países donde apareció.

En 1989, la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estimó que el 40% del área sembrada de arroz en Filipinas estaba afectada por esta plaga, ocasionando grandes pérdidas en la producción. En el Ecuador apareció por primera vez en cultivos de arroz en el recinto San Mauricio, del cantón El Triunfo, en 2005, convirtiéndose a partir de ese momento en la principal plaga del cultivo de la gramínea  y en una seria amenaza a todas las áreas arroceras del Litoral ecuatoriano.

Según pobladores de Naranjal y Samborondón, debido a los productos tóxicos para paliar la plaga, los peces están desapareciendo de a poco en la cuenca del río Guayas.

Roger Márquez, arrocero de Naranjal, lo confirma en detalle: está convencido de que el uso del químico Thionex, usado para matar los caracoles, está haciendo mucho daño al río, ya que varios peces nativos de la zona están desapareciendo. La utilización de este plaguicida está prohibida en varios países del mundo, incluido Ecuador.

Los daños que ocasionan estos caracoles a los  cultivos y a la economía de los agricultores son de consideración, debido al uso indiscriminado de pesticidas para su control, que provoca la muerte de otros caracoles nativos y de organismos integrantes de la fauna benéfica presentes en el arroz. Los agricultores han manifestado su preocupación por la desaparición en la zona de peces como la vieja, el guanchiche y animales como el tejón, la gaviota y el gavilán caracolero. 

“Por querer matar al caracol estamos destruyendo la naturaleza. La desesperación por acabar con esta plaga nos va a ocasionar en un futuro mayores problemas”, recalca Márquez.

Según el arrocero, este caracol ataca a la planta cuando está en su primera fase y puede comerse una hectárea de arroz en tan solo una noche.   “Estos animales son muy destructores, nos van a llevar a la quiebra. Si encuentran una vaca tirada en el pasto, también se la comerían”.

Los daños que ocasionan los caracoles a los arrozales en su primera fase de crecimiento ponen en peligro su rentabilidad y afectan directamente los costos de producción, según Carlos Zambrano, presidente de la asociación de agricultores del cantón  Samborondón.

“Es una plaga incontrolable, uno la fumiga un día y al siguiente ya se te está comiendo  toda la plantación”, se ofusca Zambrano; “ya no parecen cultivos de arroz sino criadero de caracoles.  Hay agricultores que ya no quieren ni sembrar”.

El dirigente aseveró que el molusco les ocasiona más pérdidas que la propia sequía. Estima que si el Gobierno no hace nada por ayudar al sector, éste en poco tiempo dejará de producir.

“Mientras más agua haya en el cultivo, mejor para el caracol. Este año ha sido peor, hay millones de caracoles en Samborondón”, precisa Zambrano, quien ratifica que el uso de químicos para combatir la especie está dañando el medio ambiente.

Esta epidemia, como la catalogan los agricultores, no solo está afectando los cultivos de la provincia del Guayas sino también los de Manabí, aunque en menores proporciones. Así lo manifiesta Alfredo Chiriboga, funcionario de la Subsecretaría del Ministerio de Agricultura de Portoviejo.

Chiriboga  menciona que zonas como Charapotó y San Isidro han sido atacadas por la plaga. Además del arroz, el animal también “se ha ensañado” los sembríos de maíz.

“Los agricultores deben manejar técnicamente este problema y no utilizar químicos no recomendados en su intención de eliminar el caracol. Se está capacitando al productor para que sus cultivos no se sigan perdiendo”, comenta Chiriboga. Por su parte, Víctor Haón, presidente de la Asociación de Productores de Ciclo Corto de Quevedo, provincia de Los Ríos, indica que el sector no se ve muy afectado con esta plaga, debido a que tomaron muchas precauciones  y así disminuyeron las pérdidas para el agricultor. En el cantón Vinces es en donde más se reporta la aparición del molusco.

“Los agricultores necesitamos que  las autoridades gubernamentales nos den charlas técnicas para el manejo de esta pandemia y así evitar que se utilicen malos métodos  que ponen en peligro hasta la vida de los propios campesinos”, asegura el dirigente agrícola.

En el sentido de evitar dichos malos métodos, el Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias (INIAP),  Estación  Experimental  del  Litoral Sur, consciente  del  grave  problema fitosanitario con esta nueva plaga  en  las  áreas  arroceras  de nuestro  país,  está investigando medidas  integradas urgentes para su  manejo, con  el  fin de ayudar a los  agricultores y evitar que  se tomen medidas drásticas  de control, como las químicas,  con  productos  altamente  tóxicos  que ponen  en  riesgo el equilibrio y la diversidad  biológica, la  salud de las personas, y que -importantísimo en términos de productividad-    contaminan duramente  las aguas y los suelos.

Myriam Arias, técnica de la Estación, ratifica la tesis de  que este  caracol (Pomacea canaliculata)  desde 2005 se ha convertido en  la principal plaga del cultivo de arroz, en una seria amenaza a todas las áreas arroceras del país, bajo condiciones de riego.

Arias corroboró también que se está capacitando a los agricultores para que utilicen adecuadas prácticas y evitar que sus plantaciones sigan registrando pérdidas. “Estamos recorriendo todas las zonas afectadas  y  además ofrecemos charlas a los arroceros para que aprendan a convivir con esta plaga, que será muy difícil de exterminar”. Será, entonces, una convivencia dura. A nadie le gusta compartir con un extraño nocivo su casa.

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