La adquisición masiva de cocinas de inducción por parte de los ecuatorianos parece ser una cuestión de tiempo, pues muchos aún se muestran indecisos.
En un recorrido que EL TELÉGRAFO realizó por Quito, se hizo palpable la división entre los ciudadanos.
Marcia Pérez, de 65 años, quien vive con su hermana, dijo que no va a adquirir las cocinas de inducción porque “no le convence” todavía la propuesta del gobierno y que no “le importa” que suba el precio del gas como se ha anunciado.
“Nosotros vivimos solas y un cilindro nos dura más de un mes, por lo que si sube no nos afectará mucho”, expresó.
Una posición diferente tiene Mónica Valverde, quien adquirió una cocina de inducción en Navidad en uno de los locales de almacenes La Ganga.
La mujer comentó que su hermano que vive en Estados Unidos le aconsejó el cambio ya que el sistema es más eficiente. Contó que el proceso no fue complicado. “Yo ya tenía mi medidor de 220V, así que me acerqué al almacén a preguntar sobre las cocinas, ahí me indicaron lo que debía hacer y de inmediato me la entregaron”, contó.
Los tres años de subsidio eléctrico (que significan 100 kilovatios hora al mes gratis, 80 kilovatios para cocción de alimentos y 20 kilovatios para el calentamiento de agua) servirán para pagar la cocina y luego se volverá al costo de 4 centavos los 100 primeros kilovatios.
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