“Buscamos una identidad propia dentro de la cancha”

11 de enero de 2014 - 00:00

El argentino César Vigevani lidera una filosofía de trabajo responsable y disciplinada en el Mushuc Runa, club que dirige desde 2012 y que en esta temporada debutará en la serie A. Disfruta que sus jugadores sean rápidos para atacar y protagonistas en cada uno de los cotejos.

Empezó su carrera como jugador y entrenador en River Plate de Argentina y llegó a Ecuador para establecer un proyecto de ese club en Guayaquil. Mushuc Runa es el cuarto equipo que dirige en el país, luego de pasar por la ‘Banda Roja’, Liga de Portoviejo e Imbabura.

¿Qué aspiraciones tiene el ‘Ponchito’ para el torneo 2014?
Siempre hay que soñar en grande. El año pasado nuestro objetivo era acomodarnos en la serie B y terminar entre los seis de arriba, sin embargo conseguimos el ascenso. Esta campaña tendremos esa misma mentalidad. No sirve de nada hablar de salvar la categoría. Si pensamos así, empezaremos todos los partidos perdiendo 1-0. Toda la institución va por una hazaña en el campeonato.

¿Qué aspecto es el que más destaca del plantel?
Me ilusiona la predisposición al trabajo que demuestran los jugadores en cada entrenamiento. Es un equipo responsable, educado y comprometido con la causa. Venimos a la capital (de pretemporada) con una plantilla específica, para que las tareas sean dinámicas y aprovechar al ciento por ciento a nuestros futbolistas.

¿Cuál es su filosofía al momento de dirigir?
Queremos marcar una identidad de juego dentro de la cancha. Eso lo hicimos el año pasado, pero ahora tenemos una mayor responsabilidad y debemos trabajar más fuerte porque enfrentaremos a equipos con cualidades técnicas y futbolísticas de alto nivel. La institución debe tener una personalidad administrativa y nosotros una identidad de juego.

Realizo trabajos físico-tácticos, muy dinámicos. Todo lo llevo con responsabilidad y disciplina. Las enseñanzas que tuve desde pequeño en River Plate y que continuaron en Europa las pongo en práctica al momento de entrenar y las transmito acá.

¿Qué les inculca a sus jugadores?
Que tienen que ser protagonistas. Que no importa el peso que tengamos encima por representar a la comunidad y a la provincia de Tungurahua. Ellos decidieron defender esta camiseta y deben creer en sus condiciones. Durante los compromisos me gusta que el equipo sea rápido, que haga un juego de topes cortos y que se defienda con el balón. Ese es el Mushuc Runa que van a ver en la serie A. Con el pasar de los partidos veremos si nos adaptamos o tenemos que hacer variantes.

El crecimiento de Mushuc Runa ha sido innegable los últimos años...
El club está por terminar de construir un complejo que tiene las dimensiones de la Casa de la Selección, posee un bus propio de mucha comodidad, como los clubes grandes. Se construye el estadio (en el sector de Echaleche); la institución crece a pasos agigantados. Este ascenso modificó los tiempos, pero aparte de aquello el equipo ya se proyectaba para tener instalaciones de primer nivel.

¿Qué le motivó a venir al país?
Estaba en River Plate de Argentina y apareció el proyecto para formar el equipo River Plate en Ecuador, la primera vez que el club fomentaba una iniciativa de esta índole en el exterior y la dirigencia liderada por el presidente de ese momento, José María Aguilar, me designó a mí junto con dos entrenadores más para hacernos cargo de este plan.

Nos fue muy bien. Hoy River es una institución muy respetada en Guayaquil desde su fundación en 2007. Esta propuesta me motivó a quedarme en Ecuador.

¿Trabaja coordinadamente con la directiva del equipo?
Tenemos una relación directa. Hablamos siempre, planificamos el trabajo constantemente y creo que ellos y nosotros vamos creciendo con mucha conciencia y con los pies en la tierra; este aspecto que tiene el club me entusiasma bastante.

¿Qué significa para usted estar al frente del primer club ecuatoriano con descendencia indígena?
Tenemos dos chicos que trabajan con nosotros que son de descendencia indígena. Serafín Pandi, que juega de volante, y el portero Julio Sisa. Serafín es un futbolista de 23 años que se ganó su espacio en el equipo el año pasado.

Como él hay varios chicos indígenas en las divisiones inferiores del plantel que hoy les abrió una puerta que antes la veían muy lejana y ahora es una realidad. Cuentan con un club que los representa; los niños de las comunidades se motivaron y empezaron a interesarse más por este deporte.

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