Buen Sentir

Los desastres dejan secuelas emocionales

El apoyo psicológico y psiquiátrico es fundamental para que los damnificados superen el trauma que les dejan sucesos extremos, como un terremoto.
23 de abril de 2016 00:00

Los desastres naturales, como el terremoto del 16 de abril en Ecuador, debido al cual las cifras de fallecidos y heridos siguen ascendiendo, provocan trastornos psicológicos en los afectados. Superar un evento así no es fácil. De hecho, los psicólogos y psiquiatras recomiendan un tratamiento psicoterapéutico oportuno.

Según Carlos Jaramillo, psiquiatra, la magnitud de la afectación variará en cada persona de acuerdo a su sensibilidad. Algunos experimentarán una carga fuerte de estrés, ansiedad y depresión, hasta psicosis, que es la desconexión con la realidad por la desesperación y el sufrimiento.

En el caso de los niños, este tipo de experiencias marcarán su vida y si no son tratadas a tiempo permanecerán como traumas. En el largo plazo, le impedirán al menor tolerar eventos similares.

Otro factor que influye es la situación vivida; si perdieron a familiares o bienes materiales la situación puede complicarse. Por ejemplo, los niños que perdieron a sus padres en el terremoto requieren ayuda inmediata para que esta experiencia no genere un daño a largo plazo en el cerebro.

Jaramillo precisa que hay estudios que demuestran que el dolor y la ansiedad se transmiten incluso cuando el infante se encuentra en el vientre materno. Hay casos en los cuales los bebés sufren trastornos depresivos cuando sus progenitoras estuvieron expuestas a situaciones de suma tensión. Por eso, los especialistas recomiendan ayuda psicológica inmediata.

Según el psiquiatra Juan Jarrín hay 2 patologías que las personas desarrollan después de un desastre: trastorno de estrés agudo y trastorno de estrés postraumático, a partir de estos se pueden dar otras enfermedades como la depresión.

El primero es un trastorno de ansiedad en el que el afectado tiene recuerdos vívidos sobre el evento traumático. Al mismo tiempo, tiene sueños repetitivos sobre el hecho; desarrolla una fobia y evita circular por los lugares donde sucedió el acontecimiento.

“Es como que se actualiza el evento sostenidamente”. Este primer trastorno podría durar un mes, si sobrepasa este tiempo se lo denomina trastorno de estrés postraumático.

Estas facetas se dan tanto en adultos como en menores. Los niños tienen un componente adicional, la irritabilidad, pues esta es su forma de expresar algún proceso psicopatológico.

No se puede saber en cuánto tiempo una persona superará este tipo de trastornos. Lo que sí recomienda Jaramillo es que se controle en primer lugar la ansiedad, porque deja una sensación de pérdida, de sufrimiento y de desesperanza, además que puede provocar otras enfermedades como trastornos gastrointestinales, cardíacos, e incluso puede llevar al infarto.

Para Jarrín es necesario que estos pacientes sean manejados con psicoterapia y con antidepresivos y ansiolíticos, tanto en niños como en adultos. El fármaco da tiempo al cuerpo para que se vaya adaptando a esta carga enorme de estrés. “Cuando un paciente tiene depresión es como que su neurona se comienza a suicidar, eso técnicamente se llama apoptosis neuronal, lo que hace el antidepresivo es volver a las concentraciones normales de los neurotransmisores para que esa neurona se reprograme y no se suicide”, dice Jarrín.

La gente que vivió un desastre puede deprimirse, desarrollar un trastorno de ansiedad generalizada, incluso puede llegar a hacer un trastorno de pánico, pero si es tratada farmacológicamente con base en una psicoterapia, los problemas pueden ser superados. Los especialistas concuerdan en que el psicólogo es uno de los profesionales que más debe intervenir en este tipo de eventos impactantes.

El psicólogo Arturo Torres, en su artículo ‘Guía para saber prestar primeros auxilios emocionales’, señala que es importante brindar un apoyo afectivo a las personas que vivieron una calamidad así. Recomienda primero preguntar al afectado ¿qué puedo hacer por ti? El apoyo emocional empieza cuando se demuestra que hay interés por el bienestar de esa persona, más que por saber qué le sucedió.

Hay que atender sus necesidades y no saturarlo con consejos o actividades que deba cumplir. Es importante saber escuchar y facilitar que la otra persona se pueda desahogar para liberar tensiones. Hay que dejarlos hablar, que expongan sus sentimientos, a la vez que hay que darles esperanzas de que todo poco a poco va a mejorar.

Nunca hay que menospreciar los silencios. En esos momentos las palabras son secundarias, acompañar físicamente a un afectado le puede resultar de mucha más ayuda. Otro modo de aliviar el dolor es llorando, deja que la persona lo haga.

Torres considera vital respetar la intimidad y el deseo de soledad de las personas. Hay muchas personas que prefieren estar solas cuando están tristes; darles su espacio puede ser más productivo que insistir en acompañarlas. (VEC)

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