Ecuador / Jueves, 15 Enero 2026

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Reeditan y reivindican la obra de Zoila Ugarte de Landívar

Foto: archivo web
Un libro reciente rescata, ordena y reivindica la obra de Zoila Ugarte de Landívar, pionera del periodismo ecuatoriano y figura clave del feminismo liberal. Hernán Rodríguez Castelo la coloca, sin rodeos, en el lugar que la historia le negó.

Durante décadas, Zoila Ugarte de Landívar existió como mito oral, como nombre citado con respeto y leído con culpa.

Se la llamaba “fundamental”, pero casi nadie podía leerla completa. Esa anomalía histórica comienza a corregirse con Zoila Ugarte de Landívar, la escritora, libro firmado por Hernán Rodríguez Castelo y publicado en edición digital en septiembre de 2025 por la Academia Ecuatoriana de la Lengua. No es un homenaje. Es una rectificación.

La escritora que incomodó al poder y al canon

Zoila Ugarte escribió cuando escribir costaba cárcel, destierro y linchamiento público. Dirigió La Prensa en 1910, enfrentó al alfarismo radical, denunció dictaduras y defendió la libertad de imprenta con una prosa feroz, cargada de imágenes, ritmo y convicción política. Rodríguez Castelo no duda: la define como la mejor prosista ecuatoriana de fines del siglo XIX y comienzos del XX. No es una frase amable. Es una sentencia crítica.

Un prólogo que se convirtió en libro

El texto nace como prólogo y termina como ensayo monumental. Más de 200 páginas donde Rodríguez Castelo lee, contextualiza y analiza una obra dispersa en periódicos, revistas y folletos. El trabajo se apoya en la investigación exhaustiva de Myriam Landívar de Silvers, nieta de Zoila, quien recopiló y transcribió los textos originales. El resultado rompe una costumbre nacional: admirar sin leer.

Feminismo sin consignas y periodismo sin miedo

Zoila Ugarte no escribió panfletos. Construyó un feminismo argumentado, republicano y radical para su época. Defendió la alternabilidad del poder, denunció el militarismo y convirtió la imprenta en sujeto vivo, casi humano. Su prosa mezcla modernismo, crónica política y alegato civil. No pidió permiso. Tampoco buscó posteridad. El libro demuestra que el olvido no fue casual.

Una publicación que obliga a reescribir la historia literaria

El propio Rodríguez Castelo admite, de forma implícita, una deuda personal e intelectual. El canon ecuatoriano omitió a mujeres brillantes mientras repetía nombres masculinos hasta el cansancio. Este libro no corrige un error menor. Expone un sesgo estructural. Leer a Zoila Ugarte hoy no es un gesto cultural. Es una obligación crítica.

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