Hasta finales del siglo XIX, muchos niños sufrieron la extirpación de sus testículos para que conservaran su voz joven hasta la edad adulta. Con el nacimiento de la ópera, a mediados del siglo XVII, la demanda de voces de soprano se incrementó. Esta tonalidad de voz aguda se lograba con hombres que habían sido castrados, como Gaspare Pacchierotti (1740-1821), cuyo esqueleto fue exhumado por investigadores italianos, de la Universidad de Padua, para estudiar los efectos de la mutilación.
La castración en cantantes líricos fue una práctica que desapareció con la incorporación de la mujer a la escena musical y dejó como legado el virtuosismo de artistas como Carlo Broschi, conocido con el sobrenombre de Farinelli. La extirpación de testículos antes de la pubertad afectaba el cuerpo: Pacchierotti tenía erosión en las cervicales y menos densidad ósea. (I)
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