La gestión es mala en general. En lo literario se han realizado tímidas iniciativas editoriales pero no existe -pese a una cacareada presencia en innumerables ferias de libro en varias capitales latinoamericanas- mayor proyección para la industria editorial local, siempre sostenida -no solo desde hace décadas- por iniciativas de escritores e intelectuales que se agrupan con ilusión o desesperación para emprender en sellos que han publicado quizá lo mejor del cuento y la poesía locales. Y básicamente todo el teatro. Pero ninguna de estas editoriales independientes, que así se les dice ahora, logra emerger siquiera como una empresa de alcance regional. Digo, de la región Sierra o Costa, por lo menos. Alguna lo intentará con más ahínco, siempre en condiciones precarias y al borde del colapso, pero al respecto el Ministerio no ha hecho nada, pese a coincidir con uno de esos cíclicos momentos de efervescencia de sellos. (I)
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