“Ser un buen tuitero no es ser un buen escritor”

18 de agosto de 2013 00:00

Cuánto lee cada año una persona en Ecuador. Sobre esa pregunta partió Matavilela para organizar un foro el pasado miércoles en que se discutieron distintos puntos relacionados con esa primera idea.

Matavilela, un colectivo conformado por estudiantes de la carrera de Literatura de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil (UCSG), se basó en un índice en que el promedio de los lectores era de medio libro anual en Ecuador, el más bajo de América Latina, según una publicación de 2010 del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe -Cerlalc- de la Unesco. Aquella cifra fue la que le dio el nombre al conversatorio (1/2 libro al año), realizado en la Facultad de Filosofía de la misma UCSG.

La mesa estaba conformada por la dramaturga Denise Nader, de Daemon Producciones; el poeta y periodista Fabián Mosquera; Adelaida Jaramillo, directora de Palabra Lab.

Además, participaron el narrador Fernando Naranjo, ex director provincial de Cultura del Guayas y Liliana Garcés, analista del Sistema Nacional de Bibliotecas (Sinab), quien presentó durante el acto un proyecto de fomento de lectura. “Ecuador, un país para leer”, es el nombre del plan. La funcionaria explicó que Ecuador es uno de los  países de América Latina que no cuenta aún con un plan de lectura, y aclaró que el conjunto de políticas expuestas no han sido aprobadas aún.

Moderado por Carolina Andrade, docente de las carreras de Comunicación y Literatura de la UCSG, el foro transitó por distintos espacios de debate, en que se mencionó la suspensión de la Feria Internacional del Libro, del Ministerio de Cultura, cuya edición en 2013 se realizará como un encuentro más pequeño.

Sumado a la no realización de Expolibro 2013, este año en Guayaquil se perdieron los dos más grandes eventos literarios que ofrecía el sector público. Con esa idea arrancó Denise Nader, que se cuestionaba si “¿no estamos haciendo mucho drama?”.

Según Nader, “es más importante partir siempre de una pregunta, pero esa pregunta debe ser hecha sin cinismo”. Se refería a una suerte de noción de estatus que se le da a la lectura, una idea a la que más adelante llamó “el crossfit cultural”.

En ese sentido, se hizo preguntas como “¿Tengo que satanizar a Paulo Coelho porque me parece el Arjona de la literatura?” o “¿Por qué sería un problema no leer?”

Jaramillo opinó que leer impacta a la sociedad. “No te hace mejor ni peor persona, pero a las universidades llegan jóvenes sin saber escribir o sin  poder comprender textos... por ese medio libro al año”.

Naranjo expresó que “vivimos en una inanición cultural”, por la poca cantidad de productos culturales a la disposición, y comentó que un agravante al hecho de que es difícil conseguir ciertos títulos indispensables es que “no nos llegan, y no nos importa que  nos lleguen”.

A esa idea, agregó que “no tener una FIL es realmente criminal”. Pero ahondó también en la configuración de la cultura, y se refirió a que debates como éste se producen desde una “élite cultural”. En ese sentido, dijo que “la cultura debe ser democrática”, y llegar a lugares donde no se la lleva.

La idea la retomó desde el público el fotógrafo y docente Jorge Massucco: dijo que hay un problema a la hora de desarrollar políticas estatales; “que se piensa en cultura de arriba hacia abajo”, opinó.

Mosquera concidió con Massucco. “Ninguna efervescencia cultural se ha producido desde arriba. No sé si desde las instancias formales se pueda hacer”, expresó.

Para él, las propuestas culturales deben hacerse desde el ciudadano, sin embargo, dijo que era necesario preguntarse "qué tipos de colectivos de naturaleza intelectual estamos generando. Y mi única respuesta es que se trabaja y se debe trabajar con una suerte de sentido de la alegría y de lo propositivo, pero se debe también trabajar con rigor, con profundidad, de una manera articulada".

Se refirió, a la aparición espontánea de editoriales cartoneras, que en el transcurso de uno o dos años terminaron dividiéndose por diferencias entre sus integrantes, "y ahora tenemos 7 cartoneras en una ciudad que no lee".

"No se trata de creer que porque soy un buen tuitero soy un buen novelista, no se trata de coger una casa abandonada y pintarla, ponerle un chancho, armar grupos de rock, tomarse unos tragos y pensar que se está haciendo lo non plus ultra de la vanguardia de la concepción cultural local", siguió Mosquera, que agregó que "deberíamos plantear las cosas desde Qué tipo de gestión cultural o qué tipo de debate cultural estamos suscitando".

En ese sentido, Mosquera dijo que "quisiera tomar más bien la frase de Miguel Muñoz (miembro de Matavilela) en el interesante texto que escribió en la crítica a GkillCity", publicada a manera de autocrítica por la propia GKillCity: "Más rigor y menos buena onda".

Feria del Libro

En el público se encontraba Paola Martínez, funcionaria del Ministerio de Cultura, quien aclaró que era necesario hablar con precisión de los distintos aspectos del desarrollo cultural en una sociedad. Ella consideró que se  igualó la publicación de libros, la organización de ferias y desarrollo de políticas; por ello dijo que es necesario ver que “la cultura no es lo mismo que eventismo”.

Por su parte, Lola Márquez, también funcionaria del Ministerio, se refirió a la dinámica de las tres primeras ediciones de la FIL, que poco antes había sido criticada por tener un formato tradicional.

Márquez dijo que si bien el formato de la FIL había sido tradicional, en el Ministerio “ha habido un proceso”, y se refirió a otras Ferias del Libro. “Las de Guadalajara y Buenos Aires (las más grandes de América Latina), llevan más de 20 años. Seguro que cuando empezaron tuvieron los mismos problemas”.

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