Sal y Mileto deja el escenario tras 18 años

03 de septiembre de 2012 - 00:00

Cerca de tres horas, cinco músicos conectados con una celebración de dieciocho años y un público mayoritariamente joven, hicieron una noche emotiva y llena de rock.

La tarde del  sábado, en el Centro Cultural El Aguijón, en Quito, Sal y Mileto, la semilla del rock independiente del Ecuador, nacida en Latacunga, se desintegró definitivamente, y para cerrar el ciclo ofreció un concierto con lo mejor de su discografía, compuesta por cinco discos, un EP y una cinta demo.

Con el liderazgo del único integrante original que ha permanecido activo en la formación, el baterista Igor Icaza, ahora en la voz principal, la agrupación se mantuvo durante nueve años viva (con ciertos alejamientos esporádicos del escenario)  luego de la muerte de Paúl Segovia, cantante y guitarrista fundador de la banda. Franco Aguirre e Icaza continuaron durante los siguientes años, con otros músicos, hasta que se consolidó la última formación con la llegada de Lucho Enríquez, en la guitarra.

Esta vez, en su último recital  Enríquez es quien deja la banda para radicarse durante al menos dos años en Alemania, razón por la que Icaza ha decidido desintegrarla definitivamente y continuar con sus proyectos paralelos: Ente, Pléroma y su trabajo como solista.

“Nuestra propuesta nunca fue entendida y valorada del todo, peor cuando pasan 18 años y la banda sufre mutaciones obvias motivadas por las deserciones, la muerte y el hastío de ir contracorriente en este país novelero, amnésico y melo-alcohólico”, dijo el ‘mileto’ en la carta de convocatoria para el concierto de despedida al que, según la taquilla del lugar, asistieron alrededor de 450 personas, la mayoría jóvenes veinteañeros, incluso menores de edad, señal de que el público miletero se ha remozado y su obra ha trascendido las generaciones.

Santiago Jiménez, en el saxo; Zak Icaza, en la batería (hijo de Igor), y Germán Mora, en el bajo, conformaron el resto de la agrupación en escena. Un permanente círculo de pogo, sudor y camisetas al aire recordaron los acostumbrados conciertos de la que es considerada una banda de culto en el Ecuador. 

Bazuco y Aguanta, dos de los clásicos del grupo, sonaron hacia el final. En el segundo tema saltó a escena el cantautor Jaime Guevara y cantó el coro junto a Icaza, alentando a un público encendido en el pogo. Hicieron falta, a pesar de que hubo muchos pedidos, canciones como El Viaje, Débora, El Principito es un niño de la calle...

Con este recital, Sal y Mileto se suma a las bandas ecuatorianas que se separaron últimamente: Sudakaya, Tanque y Biorn Borg.

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