Recetas musicales I: El piano más allá de lo real

- 24 de marzo de 2020 - 00:15
El compositor Rashid Kalimullin; el solista Fedor Amirov y el director Vasiliy Valitov en la Casa de la Música.
Cortesía / OSNE

La Orquesta Sinfónica Nacional del Ecuador ha publicado un concierto del compositor ruso Rashid Kalimullin en la primera entrega de una serie para “alimentar el alma con arte”.

Un concerto es una composición escrita para un virtuoso solista acompañado de orquesta. Desde el siglo XIX esta forma musical se exploró abundantemente y, en la modernidad, el compositor ruso Rashid Kalimullin (Tartaristán, 1957) ha tenido un trabajo notable en este género, para el cual ha escrito 13 piezas; pero también es autor de siete sinfonías, de la ópera “El Grito de Cuco”, poemas sinfónicos y música de cámara.

De las más de 70 obras de su repertorio, 64 músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional del Ecuador (OSNE) interpretaron su “Concierto para piano y Orquesta” en octubre del año pasado. El solista fue el músico ruso Feodor Amirov (Moscú, 1996), que está participando en el programa de promoción de los jóvenes intérpretes de la Filarmónica de Moscú.

El lenguaje musical de Kalimullin mezcla elementos nacionales con influencias de Oriente y Occidente. Destaca en sus obras el uso de variadas técnicas y estructuras musicales, y sobre él la célebre compositora Sofiya Gubaidúlina –también de origen tártaro– ha dicho que crea "un espacio sonoro que está más allá de la realidad, un mundo incomprensible si no se presenta con gran talento".

“La música popular la llevamos en el alma; sin ella no podría componer, pero tampoco vivir”, ha dicho el compositor tártaro Rashid Kalimullin.

Violines, violoncelos, contrabajos, clarinetes, cornos, fagotes, percusión y arpa destacan en la instrumentación. El concierto lo dirigió el maestro Álvaro Manzano, con Vasiliy Valitov como director invitado, en la Casa de la Música. Dentro del repertorio “Las Perlas de la Música Tártara y Rusa” se hizo un registro que la OSNE ha publicado en dos partes para el programa “Recetas musicales”.

El uso del pedal derecho del piano es profuso en este concerto. Así los sonidos se alternan, entre aglomeraciones aterciopeladas-delicadas o brillantes-ásperas. Pero también hay pasajes en que el pedal está ausente, o solo funciona como velo sonoro; es decir se emplea el izquierdo, que amortigua. Ya en la segunda parte (del minuto 14 en adelante; son 24 en total) las notas aparecen secas, como las de un xilófono.

Y si al inicio se nota la influencia rusa del pianista Aleksandr Skriabin (heredero de Chopin, Schumann y Liszt, según ha escrito el compositor Aaron Copland); para la parte final lo quebradizo y crepitante del suizo Arthur Honegger habrá de reafirmar lo metafísico, aquello indescriptible que a Kalimullin –como dijimos– le ha hecho merecer un elogio de Gubaidúlina.

Durante 2019, la OSNE realizó 179 conciertos. Para 156 hubo entrada libre, pero este es uno de los 23 que fueron pagados. La idea es que un día, cada semana, a las 19:30 se publique una pieza, que muchas más personas puedan escuchar estas interpretaciones y “alimentar su alma con arte”. (F)

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