Rafael Sánchez Ferlosio, el intelectual implacable

- 01 de abril de 2019 - 11:47
Miguel Delibes decía de Rafael Sánchez Ferlosio que era el único de sus conciudadanos de posguerra que merecía la inmortalidad.
Foto: lavozdegalicia.es

Miguel Delibes decía del escritor fallecido hoy que era el único escritor español de posguerra que merecía la inmortalida.

El Jarama (1955) lo consagró como referente de la literatura social de la posguerra española, pero Rafael Sánchez Ferlosio -fallecido el lunes en Madrid- renegó pronto del papel de literato para volcarse en el ensayo y convertirse en uno de los más importantes pensadores contemporáneos.

Obsesionado con el lenguaje y su capacidad casi infinita de subordinarse, el don de la palabra constituía para Ferlosio el núcleo de la condición humana, y rastreó sin descanso sus orígenes, su gramática y sus huellas morales o ideológicas.

Ensayos I: Altos estudios eclesiásticos. Gramática, narración y diversiones (2015) un compendio de buena parte de esas reflexiones, mientras que Ensayos II: Gastos, disgustos y tiempo perdido (2016) recopila sus observaciones sobre la realidad política y cultural española más reciente.

Espíritu libre e insobornable, Ferlosio reflexionó sobre la guerra y fue implacable en sus críticas al poder, el capitalismo, la publicidad y la sociedad de consumo.

En una de sus últimas entrevistas concedida a EFE, advertía de que “el capitalismo está destruyendo el mundo”.

Los nacionalismos, el papel del Ejército, la corrupción, la religión, nada escapó al análisis de uno de los escritores más premiados de las letras españolas.

Se opuso públicamente a la guerra del Golfo y a la de Irak, calificando las celebraciones del V Centenario del Descubrimiento de América en 1992 de “indigno festival”.

Entre sus reconocimientos destacan los premios Cervantes (2004), el Nacional de las Letras Españolas (2009) o el Nacional de Ensayo (1994), además del Premio Nadal y el de la Crítica por El Jarama, un relato realista en torno a un grupo de amigos que pasa el día en el campo y cuya acción transcurre a lo largo de 16 horas.

Ferlosio acabó aborreciendo esa novela y prefería la que supuso su debut, Industrias y andanzas de Alfanhui (1951), picaresca sobre un aprendiz de alquimista, un niño sin padre, que emprende un viaje de iniciación por las crudas tierras de Castilla. (I)

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