Quito, piedra angular en la ruptura del poder y en la independencia latinoamericana

- 09 de agosto de 2020 - 00:00
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Innumerables estudios históricos se han hecho sobre el proceso de la Independencia en América Latina, pero el 10 de Agosto tiene una relevancia categórica porque fue una de las piedras angulares de la Independencia en América Latina, proeza que diera a Quito la aposición especificativa de "Quito, Luz de América".

Después de la insurrección de los patriotas en Quito, el 10 de agosto de 1809, vinieron, entre otras, la Junta Suprema de Caracas, el 19 de abril de 1810; la Junta de Cartagena, el 22 de mayo de 1810; la Junta de Buenos Aires, el 25 de mayo de 1810; la Junta Extraordinaria de Santiago de Cali, el 3 de julio 1810; la Junta de Santa Fe, el 20 de julio de 1810; y el Grito de Dolores de México, el 16 de septiembre de 1810.

A la luz de los hechos, Quito fue la mecha que encendió la pólvora de la independencia latinoamericana porque si bien grupos contrarios a la Corona habían constituido juntas previamente, como en Bolivia, la de Quito contaba con la adhesión de las tropas que pernoctaban en la ciudad, de modo que el movimiento estuvo mejor articulado a tal punto que pudo sesionar durante un mes.

Natalia Sierra, catedrática de la carrera de Sociología de la Universidad Católica de Quito, manifiesta que la importancia real del hecho ocurrido en Quito no es tanto si fue el primer acto o no en contra de la Corona Española, sino el desconocimiento de la autoridad, hecho de una radicalidad inigualable contra el poder porque este se sostiene en la creencia de la gente de que ese poder es indeleble.

"Quito debe asumir esta fecha como un parteaguas porque el acto cesó en sus funciones a la Corona Española en los territorios de lo que ahora es Ecuador, y cuando los patriotas desconocen la legitimidad de la Corona Española desconocen la autoridad, entonces la autoridad cae sola, porque la autoridad al fin y al cabo existe porque el pueblo la reconoce.

Incluso, más allá del dominio bélico que pueda tener, la dominación se mantiene en el tiempo y en la medida en que el pueblo crea en esa autoridad. Así ha funcionado en toda estructura de poder y dominación: cuando el pueblo deja de creer en una autoridad, la autoridad deja de existir", manifiesta la catedrática Sierra.

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Quito, el desmitificador del poder

Para graficar sus conclusiones, Sierra pone como ejemplo la metáfora de la investidura del poder, aquella en la que el rey le pide a un sastre que le haga un traje, pero el sastre no cuenta con las telas que el rey desea y, sabiendo que eso puede significarle la muerte, se inventa una tela que "solo pueden ver las personas inteligentes", entonces, cuando sacan al rey desnudo, toda la audiencia, para sentirse inteligente y para ser vista por el rey con buenos ojos, hace creer al monarca que lleva un traje, pero aparece un niño inocente, que desconoce de relaciones sociales y de codificaciones sociales reinantes, y dice que el rey está desnudo, entonces, el resto comienza a verlo así y el mismo rey se percata de que no lleva ropa. Así es como el rey empieza a perder legitimidad y poder.

"Esta metáfora permite entender lo que pasó en Quito el 10 Agosto de 1809 porque desconoce la autoridad del rey y así comienza el proceso de desmoronamiento de todo el poder de la Corona Española en América Latina, hecho que ha sucedido en otros espacios, como en el bloque del Este en Yugoslavia, cuando Josip Broz Tito le dijo no a la Unión Soviética y los analistas entienden que a partir de allí comenzó su derrumbe.

Si en Quito dejaron de creer en la legitimidad de la Corona Española, eso hace que el dominio del poder de la corona se vaya debilitando en el resto de América Latina porque cuando alguien deja de creer, el otro también y eso tiene que ver con una especie de contagio social, lo que se llama en sociología contagios en redes.

Sierra concluye que podemos dejar de creer en la democracia representativa porque su sistema está viciado y dejar de cumplir los rituales que el poder nos obliga porque no es un problema de creencia en abstracto sino de creencia en concreto. "Si dejo de creer, dejo de hacer, y si dejo de hacer el poder se cae. Me parece que ese es el acto más importante que viene del 10 de Agosto de 1809, del Primer Grito de Independencia, el desconocimiento del representante de la Corona Española".

Esa semilla que sembró Quito continuó con la estructuración de nuevas juntas para deponer el poder de la Corona, así, se forjaron la Primera Junta Nacional del gobierno de Chile, el 18 de septiembre de 1810; la Segunda Junta de Quito, el 22 de septiembre de 1810; el Grito de Asencio, el 28 de febrero de 1811; la Junta de Paraguay, el 15 de mayo de 2011; la Junta de Tacna, el 20 de junio de 1811, el Primer Grito de Independencia de Centroamérica, el 5 de noviembre de 1811 y la Rebelión del Cuzco, el 3 de agosto de 1814. Es más fácil romper la creencia cuando hay un primer momento en que alguien desmitifica el poder y Quito lo hizo. 

El 10 de Agosto como sentido de pertenencia y de identidad en las Américas

Para Gilda Guerrero Salgado, docente de Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, es debatible hablar de un directo inicio de independencia porque los intereses de una élite de Quito, y la figura y reinado de Fernando VII como el elemento a protegerse, no hablan de una independencia; pero sí se puede decir que la Junta fue un hito por lo que sucedió con sus miembros: frente a las ejecuciones de 1810, Caracas y Bogotá reaccionaron con indignación. Igualmente, la influencia de esta "Luz de América" llegaría hasta el norte del continente: en México, como señala Jorge Salvador Lara en la recopilación de ensayos Banderas al viento, se platicaban "las cosas de Quito", lo que apoyó a las revueltas del cura Hidalgo. Similar efecto hubo también en Lima.

Según Guerrero Salgado "hay que notar también que el 10 de agosto de 1809 determinó, tal vez no una Independencia con mayúsculas, sino un sentido de pertenencia y una identidad doble en las Américas: cada ciudad con una junta dejaba de ser una comarca del imperio y se transformaba en sí misma (una nación en ciernes). Los quiteños sublevados tomaron su agencia y su poder, y cada junta que le siguió (y los intentos anteriores, como los que se dieron en Bolivia) condujeron a la creación de un mundo aparte, el mundo independiente americano".

Además el Primer Grito de Independencia en lo que hoy llamamos Ecuador fue una primera rebelión ante lógicas económicas y sociales que se dan entre centro-periferia: un deseo desde los locales de tomar el dominio de los espacios, medios de producción y formas de gobierno, cuestionando el nexo colonial, algo que se combatió desde la Península a sangre y fuego, manifiesta.

"El yugo colonial (que parecía inamovible) demostró que podía romperse, una visión emancipatoria que ha permitido que cuestiones como el racismo y el patriarcado incluso, se comiencen a desquebrajar en siglos posteriores. Ahora, es importante recordar que este fue un intento que se dio alrededor de una clase criolla específica y que faltarían décadas hasta la formación de un Estado ecuatoriano soberano, independiente, unitario, intercultural y plurinacional como marca la actual Constitución", señala Salgado Guerrero.  (I)


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