Pintor Luis Rosero inaugura exposición en línea

- 03 de junio de 2020 - 00:00
La catedral de Tulcán, de Luis Rosero.
Cortesía

El artista carchense presenta una muestra de su extensa obra, en la que destacan las casas tradicionales y la mujer dentro del paisaje andino.

El pintor Luis Omar Rosero Mora se considera “un hombre paciente y con mucha fe en Dios”. Su exposición De pluma y pincel, escenarios carchenses, luego de ser pospuesta en dos ocasiones, por hechos extraordinarios, ve la luz en su tercer intento aunque de una manera que nunca imaginó.

Cuenta que la muestra se iba a inaugurar en noviembre de 2019 en la sala Miguel de Santiago de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE) en Quito, pero como consecuencia del paro de octubre fue cancelada.

Luego la pasaron al 17 de abril en homenaje a Tulcán y llegó el coronavirus, que también le dañó la presentación de sus obras en Cali y Bogotá (Colombia).

Rosero espera ahora con muchas expectativas el resultado de la experiencia virtual que la propia CCE le propuso. De pluma y pincel, escenarios carchenses fue inaugurada la noche de este martes 2 de junio de 2020 y se podrá visitar todo el mes a través de la página https://exposiciones.casadelacultura.gob.ec/

Casi 70 muestras presenciales de este pintor se han exhibido en varias ciudades de Ecuador y diferentes países de América Latina, como México, Cuba y Colombia.

También, sus trabajos han estado presentes en España, Hungría y en salones internacionales, sobre todo para obras de beneficencia en Estados Unidos para luchar contra la droga.

Inicialmente estaban previstas 38 obras, de las cuales se observarán 17 esta vez. “Me encanta el claro oscuro, he buscado, tipo Rembrandt, esa fuerza que tienen la luz y la sombra”, precisa.

En cuanto a las temáticas que plasma en sus pinturas, destaca en primer lugar la fusión entre la mujer y el paisaje, “la mujer con su belleza, su carisma, inteligencia y ternura se une a la hermosura del paisaje andino, principalmente el páramo, el valle, la montaña”.

Otra temática que ejercita con entusiasmo es la de las casitas viejas, de bahareque, tejas, adobe, paja, carrizo, que para él tienen un gran encanto “pues así se formaron los pueblos, ahí había el diálogo alrededor del fogón donde los abuelitos y los padres nos contaban una serie de leyendas”.

Luis recuerda con nostalgia la ternura que irradiaban esas casas con sus calles adoquinadas y esa práctica de dialogar y compartir, “lo que hoy no se da, pues la gente va a su cuarto con su computadora o su celular y allá verás”.

La cerámica de la cultura pasto se observa también en sus cuadros. Recuerda que ese arte milenario se desarrolló en todo lo que es Nariño, en territorio de Colombia y en Carchi llegando casi a Imbabura, “una práctica milenaria, inteligente y que fusiono con la mujer y el paisaje en busca de la cosmovisión andina”.

Hijo de Julio Rosero Revelo, uno de los grandes pintores clásicos del Ecuador, reconoce que los de hoy tienen una inmensa ventaja: “Antes era difícil sacar las obras porque los medios de comunicación no eran tan tecnológicos, hoy con solo el celular ya se puede difundir”.

No pasa por alto la importancia que tiene el periodismo “pues se ha abierto hacia el arte con sus espacios formidables y eso me ha permitido tener contactos internacionales y viajar como ‘pate-perro’, pues como dice Facundo Cabral ‘al mundo se le conoce caminando’”.

Abierto al mundo

En esa serie de viajes se le han abierto las puertas. “Sé que es verdad que quienes viven en Quito, Guayaquil y Cuenca tienen una gama mayor de oportunidades. Y aunque creo que primero hay que amar la tierra, hay que ser sobre todo un tanto aventurero y lanzarse al mundo”.

Algunos llaman a Luis Rosero como el pintor-escritor, por tener cinco libros publicados. Sin embargo, aclara que “realmente soy pintor y tengo varios murales en Quito y en Tulcán, y escribo algunos libros para ocuparme y que mi señora no me mande a cocinar”, dice jocosamente.

Los pequeños detalles

Acerca de la pandemia que estamos viviendo, tiene la certeza de que “nos giró la vida y nos dio a entender algo que es cotidiano, pero que no lo valoramos y son los pequeños detalles de la vida”.

“A veces solo miramos los grandes detalles y queremos ir a Dubai, Orlando, aunque en el Carchi, a media hora de Tulcán, hay una piscina de aguas termales botada, casi abandonada y rodeada de montañas, colibríes, y allí voy y me siento el rey del mundo”, asegura.

Según él, “mi mensaje es mirar los pequeños detalles, no desear lo que no se puede tener y sobre todo amar a la familia”. (I)

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