DESDE CREATIVIDAD A NEGOCIACIÓN PARA LA APROXIMACIÓN LITERARIA

La lectura formal, entre el acercamiento y la obligación

- 15 de abril de 2014 - 00:00

DESDE CREATIVIDAD A NEGOCIACIÓN PARA LA APROXIMACIÓN LITERARIA

Leer es siempre un acto personal, pero el interés está vinculado con distintos factores, uno de ellos es el desarrollo de las herramientas aplicadas y compartidas durante la formación formal.

En Ecuador, durante la educación general básica inicia un acercamiento a la revisión de textos y autores de manera general, pues a pesar de que en la malla curricular establecida por el Ministerio de Educación la materia que más horas de clase tiene es Lengua y Literatura, en la mayoría de los casos la división de gramática, ortografía y el lenguaje en general pesa sobre la lectura. Es en el bachillerato cuando los alumnos, según lo establecido por la autoridad competente, tienen la posibilidad de aproximarse a textos clásicos y contemporáneos, esta vez con más herramientas para analizarlos, compararlos y, de alguna manera, escoger los textos con los que se tiene más afinidad.

Tanto en el nivel básico como en el bachillerato la forma de generar un interés por los distintos tipos de literatura que se debe abordar, para que trascienda al cumplimiento de una nota, pasa por la creatividad y la negociación que hagan los profesores con sus alumnos.

Elsa Cortés, profesora de Literatura de noveno año básico en el Liceo Los Andes, explica que desde su curso trabaja con sus estudiantes para inquietarlos en la lectura y mostrarles cómo ser críticos ante la sociedad a través de la ciencia ficción, es así que entre su plan de estudio entran textos como Fahrenheit 451 y Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury, cuentos varios y La Ratonera, de Agatha Christie.

Cortés considera que lo más complicado para sus alumnos, entre 13 y 14 años, es comprender libros llenos de figuras literarias por lo que, dice, es necesario que el profesor se aproxime al lenguaje que manejan sus estudiantes para que los ayude a comprender y manejar la estructura de un texto, los elementos narrativos, dramáticos y el análisis poético. Es así que entre las herramientas que utiliza en clases hay videos, ‘tuits’, memes, música, arte. “Todo lo que pueda ayudarlos a comprender el tema de lectura”, explica la docente.

Según el programa establecido por la autoridad competente, en el primer año de bachillerato los profesores dividen el período de estudio en varios bloques, el primero de ellos se enfoca en trabajar en textos míticos. Se sugiere una serie de autores que los profesores seleccionan, según sus intereses en la materia y las políticas del colegio. Es así que las primeras lecturas están vinculadas con los textos clásicos y, como se acostumbra hace mucho tiempo, se leen libros como La Eneida, La Ilíada o La Odisea.

Para Teresa Contreras, profesora de Literatura en el colegio particular Javier y del fiscal Provincia de Azuay, este tipo de textos es importante, pues marca la pauta para las nuevas corrientes literarias. Desde su experiencia de más de 20 años, Contreras asegura que el interés por este tipo de obras es inferior al de años anteriores y comenta que está muy relacionado con la preferencia de otro tipo de relatos y los vacíos con los que llegan los alumnos de años anteriores. Ella trabaja con videos, lecturas colectivas e incluso hace negociaciones con sus alumnos para que al menos una vez al mes en clases se lea un libro, según la preferencia de cada uno.

Andrés Lalé, profesor de Literatura en distintos colegios particulares, prefiere realizar talleres en los que los estudiantes se aproximen a obras universales, como las de la mitología griega, y utilizar en clases el Popul Vuh o mitología preincásica y asiática, para que la enseñanza no sea tan eurocentrista.

Luego de abordar la literatura mitológica se inserta en el programa de estudio lo trágico y lo cómico, héroes y antihéroes. En segundo de bachillerato se abordan obras de autores latinoamericanos y en tercero se ve literatura fantástica, sagas épicas, realismo mágico.

En los colegios el número de libros que un estudiante lee al año varía entre seis y ocho. Sin embargo, en la hora de clases no hay tantas posibilidades para que se evidencie una lectura responsable.

Según Lalé, una de las formas de medir las destrezas adquiridas por el estudiante una vez que se avanza en los ritmos de repaso de textos clásicos y contemporáneos es la forma en la que escriben, tanto en el nivel semántico como en la amplitud de las palabras que utilizan.

Contreras reflexiona que leer es importante para la formación de los estudiantes, pero eso también depende de la participación de los padres. Cortés considera que empezar a leer en la primaria es fundamental, y aunque se lee diferente es importante iniciarla a través del juego.

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