Viviana Velasco / Sofía Luzuriaga, docentes de la carrera de Historia de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE)

"Hay una necesidad de diversificar la historia"

- 06 de abril de 2019 - 00:00
Marco Salgado / EL TELÉGRAFO

Dos historiadoras hablan de los retos que afrontan sus estudiantes de pregrado. Coinciden en que hace falta una política pública sobre archivos.

Setenta estudiantes tiene la Escuela de Historia de la PUCE, la única que forma a estos profesionales a nivel de pregrado en el país.

Viviana Velasco y Sofía Luzuriaga integran su planta docente, en la cual ocho de los 12 maestros son mujeres. Entre los estudiantes, en cambio, hay paridad de género.

Internet ha cambiado la forma de ver el pasado y esta entrevista es sobre la manera en que los historiadores planean afrontar el futuro.

¿A qué cargos laborales puede aspirar quien estudia historia?

Viviana Velasco: A los que les permitan investigar, desde lo académico hasta la consultoría y la divulgación. Laboran en museos u otros repositorios, en la producción editorial y hacen trabajo comunitario, social, sobre derechos humanos e incluso en gestión cultural.

Sofía Luzuriaga: Y está el campo audiovisual, con equipos que realizan documentales y proyectos.

¿Cómo se mira esta profesión a diferencia del siglo pasado?

Velasco: Antes se consideraba que el historiador tenía la obligación de ser erudito, una persona mayor que ha acumulado conocimientos a través de su vida. Pero desde la segunda mitad del siglo XX esa idea ha variado: se pasó de ser acumuladores de conocimiento a la necesidad de ser críticos. En ese marco, los estudiantes vienen con una mirada mucho más dinámica sobre la producción de conocimiento y su divulgación. El reto ya no solo es investigar la realidad, sino pasar los resultados de eso a un público más amplio.

¿Las Noticias falsas serán un riesgo para el relato de lo real que se haga en un futuro?

Velasco: Es que no solo en la actualidad se han producido noticias que falsean la realidad. En la historia política se encuentran casos -en los siglos XVIII y XIX- sobre opiniones de grupos que pasaron por verdades. Lo interesante ahora es que el acceso nos da mejores posibilidades de establecer más preguntas y dudar.

El estudio profesional de la historia puede dar elementos -a quienes leen los resultados de distintas investigaciones- para que tengan elementos de juicio, recursos y herramientas para superar la inmediatez y poder profundizar.

¿Qué tipo de herramientas?

Luzuriaga: La criticidad. Ahí cobra importancia el lugar de enunciación: tenemos que aprender a distinguir desde dónde se construyen los testimonios. Agudizar los sentidos permite ser crítico y riguroso pese a la actual acumulación de información, que no siempre garantiza que comprendamos mejor.

El Archivo y Biblioteca nacionales continúan inactivos, ¿cómo afrontan esas ausencias?

Velasco: Ecuador ha tenido un manejo un poco ambiguo sobre estas fuentes. Hay muy buenos repositorios -como el Archivo Metropolitano o el de la Cancillería, donde se mantienen documentos importantes- pero ha faltado una política de mejoramiento de estos repositorios; su conservación, restauración y digitalización está pendiente.

De cómo se guarde esta información dependerá la manera en que sigamos haciendo historia. Esperamos que se articulen los sistemas de bibliotecas y archivos.

Luzuriaga: Nuestros estudiantes han colaborado con la catalogación en archivos como el Municipal o el Histórico del Ministerio de Cultura y Patrimonio. El hecho de que ellos investiguen allí es una forma de ordenar esa información, con registros de fuentes que ya se pueden publicar.

¿La presencia de mujeres en la producción historiográfica ha crecido en los últimos años?

Velasco: Que exista un lugar para estudiar la historia permite que los discursos se diversifiquen no solo en cuanto a género sino a sectores como el de las nacionalidades y culturas. Hasta buena parte del siglo XX los que más se dedicaban a producirlos eran hombres, miembros de una élite.

¿Cómo se evita el olvido en la era de la sobreinformación?

Luzuriaga: Al tener una relación de mayor acceso a fuentes y datos, se puede desarrollar una tendencia a registrar todo y creer que con eso basta, que no se requieren preguntas. Pero de lo que se trata es de evitar que haya ese olvido, que mucha información y relatos queden en lo superfluo.

Velasco: Vivimos una época de transición del Régimen de historicidad (la forma en que la sociedad siente y entiende el paso del tiempo y lo registra), está la inmediatez en la construcción de información, su cantidad infinita de datos y la historia, como disciplina profesional, tiene que entender ese cambio; procesar, jerarquizar datos e incluso validarlos con un proceso analítico.

¿La carrera está muy vinculada con el Museo Jijón y Caamaño?

Velasco: Eso es autónomo, lo maneja el Centro Cultural de la PUCE, pero también está el fondo de J. M. Velasco Ibarra y el Archivo de Antonio Flores que sus nietas donaron a la Universidad.

¿Cómo se percibe al historiador desde otras ciencias humanas?

Luzuriaga: A veces pueden haber miradas anacrónicas, que supuestamente la historia solo arroja datos; pero el historiador no es un anticuario sino un investigador que forja, critica, mueve la memoria, el presente y desordena la información. Otro reto que asumimos es el de derribar esa visión y mostrar la relevancia de ser productores de conocimiento. (I)  

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