Ciudadano Kane: los hilos del poder y el periodismo amarillista

18 de septiembre de 2013 - 00:00

La tan aclamada Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941), dirigida y protagonizada por Orson Welles, se exhibirá hoy dentro de La séptima columna, festival de cine periodístico, un encuentro para reflexionar sobre periodismo a partir de las cintas que dan cuenta de él a través de sus personajes, su ejercicio y sus trabas.

La cinta tiene dos aristas desde la parte periodística, la primera tiene que ver con un retrato del magnate de medios Charles Foster Kane (en realidad William Randolph Hearst) y el amarillismo que marcan sus empresas; la segunda con la búsqueda -pesquisa periodística- del significado de la palabra “rosebud” dicha antes de morir.

En el filme poco a poco se revela  el gran poder de la prensa en la sociedad, lo que le induce a Foster Kane a utilizar su periódico con fines propagandísticos, a favor de campañas de interés personal y como herramienta para acabar con sus adversarios. Y el poder, incluso, fue expuesto en la vida real. Hearst, un tanto indignado con la caricatura que se hacía de él en la película, atacó en sus medios a productores, director y gente relacionada con Citizen Kane. Aparte de la campaña de desprestigio presionó a varias compañías a no distribuirla.

Pero, ¿quién era Hearst? La Universidad de Huelva, en su revista digital de educación reseña: “Hearst, el gran magnate norteamericano de los medios de comunicación, que en esos momentos controlaba los diarios Examiner y Morning Journal, precipitó en 1898 la declaración de guerra a España por parte del gobierno estadounidense. Cuba llevaba ya años en su lucha independentista contra España y Hearst ya se había implicado fuertemente en el conflicto. Fue entonces –sin ninguna relación con la guerra- cuando en el acorazado Maine, de la marina norteamericana, una fortuita explosión le hizo grandes desperfectos y se hundió en la bahía de La Habana. Hearst envió al lugar a su dibujante Frederick Remington, quien una vez allí constató que no había nada extraño de lo que dar noticia y que el hundimiento no se podía atribuir a la guerra y le envió un telegrama: ‘Todo está en calma. No habrá guerra. Quiero volver’. Hearst contestó: ‘Usted facilite las ilustraciones que yo pondré la guerra’”.

El poder de los medios de comunicación es patente  en esta cinta. “La enorme influencia que la prensa tiene en los ciudadanos fue el principal motivo que impulsa a Kane a comprar el diario Inquirer, pensado inicialmente para dar voz al pueblo. La gran importancia que tiene lo que se publica se refleja en la obsesión que muestra el protagonista por revisar personalmente todos los artículos”, reseña Andrés Maestre en su bitácora sobre periodismo.

Los logros técnicos

“Aparte de su intachable guión, que aborda temas como la futilidad vital, la nostalgia, el valor de la sencillez o la ambición, su conseguida tonalidad, dominada por una evocación melancólica, Ciudadano Kane deparó multitud de avances técnicos como una elaborada puesta en escena, la utilización detallada del gran angular y profundidad de campo, la fuerza de sus angulaciones y encuadres, transmisores de una enorme expresividad, un juego de luces y sombras derivado de su gusto por el expresionismo alemán, la fluida capacidad para mover la cámara más allá del encuadre, el genial uso del montaje o su innovador empleo del sonido como engranaje narrativo”, cita la web de cine Alohacriticón.

“La cinta es innovadora estructuralmente y en el uso de fotografía y sonido. Un nuevo realismo e integralidad de la puesta en escena, obtenido por medio del uso del objetivo gran-angular, la compleja banda sonora de ruidos, música y diálogos veloces que se entrecruzan, son los elementos narrativos que, no solo en su momento, deslumbraron en la película. La compleja estructura cronológica y las diversas perspectivas narrativas hicieron que esta sinfonía audiovisual se convirtiera, más allá de lo anecdótico de actualidad, en la depuración del medio cinematográfico para tareas más profundas y analíticas que simplemente la de contar historias”, expone el catedrático Luis Álvarez, en la Revista Credencial Historia.

Pero  ¿Por qué la película causó tanto revuelo, sobre todo entre gente que entendía poco de estructuras de lenguaje cinematográfico o de innovaciones fotográficas? Orson Welles no era solo un artista sino, ante todo, un hombre de espectáculo y Ciudadano Kane no es una tesis de grado sino una pieza de delicioso entretenimiento -dice Álvarez-.

DATOS

Para el ingreso a la sala, para la función de hoy, hay que pagar por boleto $3.80. Si se quiere ver todo el festival, que dura hasta este domingo, hay pasaportes de $18.

Para mañana se proyectará Under fire, un filme de Roger Spottiswoode estrenado en 1983. Actúan Nick Nolte, Gene Hackman, Joanna Cassidy, entre otros.

En la cinta se ubica a tres periodistas que van a Nicaragua, donde la guerrilla sandinista está a punto de derrocar al dictador Somoza. Russell Price (Nolte) es un fotógrafo al que la periodista radiofónica Claire (Cassidy) presiona para que se involucre en la revolución.

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