Muestra revela potencia de técnicas ancestrales

- 09 de agosto de 2018 - 00:00
Una visitante observa durante la inauguración de la exposición, el pasado sábado, un video en 360 grados de la artista Daniela Moreno Wray (Ecuador).
Foto: cortesía del CAC

Por la Fiesta de la Luz se ha realizado la exposición colectiva La tecnología somos nostrxs, que se exhibe en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito.

El fuego está considerado la primera tecnología que desarrolló el ser humano. Alrededor de este elemento los individuos aprendieron a cocinar los alimentos que recolectaban y también se reunían para estar juntos o contar historias. Desde ese momento todo cambió: las personas habitaron la noche de maneras distintas y rompieron el miedo hacia la oscuridad. 

Con el descubrimiento del fuego arrancó una carrera de experimentación con la luz, con el reflejo del sol, que luego alteró la historia de la imagen y de la fotografía. El fuego planteó una relación directa con la luz, que es la historia misma de la tecnología.

“No pensamos la tecnología como algo que es dominado por el ser humano ni tampoco como un elemento que domina. Más bien la ponemos en un plano más orgánico de relación con el ser humano”, comenta Tatiana Avendaño, curadora para Quito de la muestra La tecnología somos nosotrxs, expuesta en el Centro de Arte Contemporáneo con motivo de la Fiesta de la Luz.

Tatiana Avendaño es la curadora de esta muestra para Quito. Permanecerá abierta hasta este 16 de septiembre. Antes estuvo expuesta en Cuenca.  Foto:  Miguel Jiménez

Este proyecto –que incluye talleres– fue presentado en la Sala Proceso de Cuenca, entre marzo y mayo de este año, y curado por Pedro Soler.

Los artistas que participan individual y colectivamente son Daniela Moreno Wray (Ecuador), Iza Páez (Ecuador), José Luis Jácome y Noe Mayorga (Ecuador), Juan Carlos León (Ecuador), Juan Orozco (Colombia) y Luis Negrón (Venezuela), Morehshin Allahyari (Irán), Tabita Rezaire (Sudáfrica) y  XMediaLab (Ecuador).

Sobre el uso de la X en el nombre de la muestra, Tatiana dice que con este gesto pretenden romper el binarismo de género y pensar que no solo los seres humanos habitan el mundo, sino que hay una gran diversidad de formas vivas.

“Tratamos de abarcar a todos y de romper con el antropocentrismo”, agrega.

Técnicas ancestrales
En la primera sala de la muestra se presenta a la chicha como tecnología culinaria andina. Se trata de una investigación de Tatiana Rodríguez,  chef que actualmente hace estudios en agroecología. Ella –que también ha indagado sobre el maíz como tecnología– devela de qué manera la preparación de esta bebida conserva una gran cantidad de saberes culinarios y culturales.

Juan Carlos León expone “Soplo de sanación”, una instalación que emplea pingullos de Salasaca, donde el artista vivió, y pone en valor el conocimiento que guarda este instrumento  y su poder sanador como herramienta medicinal.

Esta pieza tiene un sensor que se activa cuando una persona se para frente a la instalación, que tiene 20 válvulas que abren y cierran el paso de aire a través del pingullo, del cual se escucharán tres composiciones creadas por artistas de Salasaca.

Transmestizx, con la que ganó el Premio Mariano Aguilera en 2016, es la propuesta de Daniela Moreno Wray, quien exhibe las fotografías de los artistas que trabajaron con ella en su proyecto que revelaba las tensiones de poder entre el mundo indígena y esa idea uniforme del blanqueamiento mestizo. También incorpora un video inmersivo en 360 grados de ese proceso.

La obra más grande de la muestra “Khipunk”, de José Luis Jácome y Noel Mayorga, de Ambato, tiene como interés  crear un género en la ciencia ficción  que sea andino. Ellos se inspiran en el Steampunk, un subgénero del sci-fi que plantea el desarrollo de la humanidad a partir de las máquinas de vapor y no de la energía eléctrica. “¿Qué hubiera pasado si la tecnología andina hubiera seguido su desarrollo?”, es la pregunta especulativa que proponen.

Morehshin Allahyari reconstruye imágenes que han tratado de ser eliminadas de la historia de la mitología y que aluden a deidades demoniacas. “Máquinas de pensar”, del XMediaLab, piensa la autonomía de las máquinas a través de dos artefactos que generan sus propios movimientos y sombras. 

Iza Páez construye una estructura cinética denominada “La madre” y es un árbol de madera que reacciona a la presencia del público en la sala. Juan Orozco y Luis Negrón crearon un dispositivo que experimenta de manera rústica con las imágenes.

Tabita Rezaire, finalmente, cuestiona el  internet mediante un videoarte. “Cuando el capitalismo no tuvo cómo más expandirse tuvo que crear el internet para ampliar su campo”. La artista nos hace reflexionar sobre cómo la infraestructura del cableado submarino de internet sigue la misma ruta del tráfico de esclavos, añade Tatiana sobre esta obra. (I) 

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