El cine de Martel mira a las mujeres dándoles la espalda

- 21 de julio de 2018 - 00:00
Su último largometraje, Zama, recibió el Gran Premio de la XXX edición del Festival Cine Latino de Toulouse (sur de Francia), el pasado marzo.
Foto: AFP

La cineasta argentina se ha convertido en una de las realizadoras de América Latina con mayor proyección desde que exhibió su primera película, La ciénaga, a la que le siguieron La niña santa, La mujer sin cabeza, y Zama.

La ciénaga (2001), el primer largometraje de la directora Lucrecia Martel, cuenta la historia de un grupo de familias que pasan las vacaciones en una dilapidada casa de verano a las afueras de Buenos Aires.

Desde el estreno internacional de su primer filme y teniendo tan solo 52 años, la argentina se ha establecido como una de las voces más importantes del cine contemporáneo latinoamericano.

Sus siguientes producciones, La niña santa (2004) y La mujer sin cabeza (2008) fueron nominadas al Palme d’Or en Cannes, y Zama (2017), su más reciente filme, obtuvo dos premios en el Festival de Cine de La Habana.

El trabajo cinematográfico de Martel es celebrado nacional e internacionalmente por el minimalismo de sus historias, la ingeniosa manera en que usa el sonido para crear una segunda capa narrativa y su inusual forma de enfocar las imágenes, la cual hace que le sea difícil al espectador detectar cuál es el elemento central en la escena.

Pero, además de ser una directora vanguardista, Martel es una excelente narradora. Sus filmes se enfocan en lo pequeño de las historias cotidianas y familiares, y es a través de esta exploración de lo mundano que la directora nos muestra cómo la vida diaria está siempre infiltrada y moldeada por las complicadas dinámicas del poder, la clase, la raza y el género.

Esta última categoría, el género, es quizás el espacio más contestado en su trabajo. En varias entrevistas Martel ha dicho que “en torno a lo femenino, no (le) interesa contar nada”. Esta afirmación parecería contradictoria ya que en su trabajo, la mujer y el espacio femenino juegan un rol protagónico.

En la obra de Martel las mujeres son los personajes activos, los verdaderos actores y agentes en la narrativa, mientras los hombres aparecen como seres pasivos, casi de manera invisible en la historia.

Similarmente, los lugares en los que se desarrolla la historia son espacios socialmente considerados femeninos; la casa, el campo, el convento y la colonia.

¿Cómo es que entonces el cine de Martel, sin tener la mirada puesta en lo femenino, logra feminizar la narrativa?

¿Cuál es esta estrategia de Martel de mirar directamente a lo femenino dándole la espalda?

La ciénaga, la ópera prima de Martel, narra la historia de dos familias que pasan las vacaciones de verano en una casa a las afueras de Buenos Aires.

El filme abre con una imagen de Mercedes (la dueña de la casa), su marido y un par de amigos tomando el sol.

Cuando Mercedes se levanta de la silla para servir otra ronda de tragos, se cae al suelo clavándose los vidrios de las copas en el pecho, pero ni su esposo ni los otros invitados reaccionan.

Ante la pasividad masculina, las hijas y la sirvienta salen a ayudar a Mercedes y llevarla al hospital.

Aunque la narrativa de la historia se organiza alrededor de este evento (el hijo y la prima de Mercedes vendrán a la casa de verano a cuidar de la mujer), el filme no sigue una teleología clara. Al contrario, en el trabajo de Martel el clímax narrativo no llega y el espectador siente que espera algo que no sucederá.

De igual manera, aunque Mercedes puede ser descrita como la figura principal de la historia, el filme pone igual atención a las historias de las otras mujeres de la casa.

De manera paralela, el filme profundiza en la relación homoerótica que se desarrolla entre Momi, la hija menor de Mercedes, e Isabel, la sirvienta, en las dinámicas de clase social que suceden en el hogar entre empleados y empleadoras, entre familiar de fenotipo europeo versus aquellos con rasgos indígenas, y en la supuesta aparición de la Virgen en un tanque de agua.

En la ausencia de los hombres, las mujeres de Martel aparecen en toda su extensión y profundidad.

Mercedes es alcohólica, violenta en sus acciones y lenguaje; Momi cuida y protege a Isabel al mismo tiempo que la insulta por pertenecer a una clase social baja; y Tali es presentada como una abnegada madre de casa que, sin embargo, ignora a sus hijos y añora escapar el encierro del hogar.

“Si nos ponemos a pensar sobre (lo femenino)”, dice Martel, “caemos en un pantano peor que el del folclore. Lo propio de la narrativa son las observaciones sobre lo que nos rodea. Cuando esas observaciones son muy agudas, la mayoría de las categorías con las que domesticamos al mundo, como lo femenino, lo nuestro, lo ajeno, mi tierra, perecen”.

Esta negación de la narrativa enfocada en lo femenino resulta en una radical afirmación de la mujer como un ser liberado, es decir, como un ser que rehúsa los estereotipos de la mujer y se presenta al mundo en su absoluta complejidad.

Los personajes femeninos de Martel no corresponden a los arquetipos de feminidad usuales en el cine.

Sus mujeres no son dóciles, hermosas, sumisas o protectoras del hogar, al contrario, son seres que, como cualquier hombre, también están adscritas a prácticas de violencia, racismo, clasismo, y homofobia. 

Al darle la espalda a lo femenino o al mirarlo con los ojos cerrados, Lucrecia Martel logra atisbarlo directamente, de una manera pura y radical, enseñándonos que La Mujer, como una categoría esencial, no existe. (I)    

Película

La ciénaga

Narra la historia de dos familias que pasan las vacaciones en las afueras de Buenos Aires.

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