El punk se filtra en la estética de Leo Moyano

- 11 de julio de 2018 - 00:00
El autor trabajó a partir de dos casas abandonadas, que aún tienen registros de haber sido el hogar de una familia a pesar de estar desocupadas.
Foto: José Morán / EL TELÉGRAFO

El artista ganó el primer lugar del Salón de Junio, en su novena edición. El segundo lugar lo obtuvo Joel Ramírez y el tercero Javier Quinapanta.

Leonardo Moyano (1992) ganó este año el Premio Musa Paradisiaca, el primer lugar del Salón de Junio que se realiza anualmente en Machala, hace nueve años. La obra, con la que se atribuye $ 10.000, parte del recorrido por su ciudad de origen, Guayaquil.

A través de su obra, Moyano resalta el rastro humano, la forma en que el individuo deja su huella y la delimitación que existe en propiedades en distintas circunstancias, como el trabajo de la regeneración urbana a cargo del gobierno local de turno (hace 26 años) y su pasado, construido de madera de mangle.

En la pieza ganadora del Salón de Machala hace una especie de tributo a Splitting, la obra del artista estadounidense de ascendencia chilena  Gordon Matta-Clark.

Según la historiadora de arte Lola Hinojosa, esta obra de Matta-Clark, que forma parte de la colección del Museo Reina Sofía, muestra la compleja intervención del artista en un edificio comprado por Holly y Horace Solomon, ubicado en un barrio de mayoría negra de Nueva Jersey.

La obra de Moyano llamada Splitting hace alusión a la obra homónima del estadounidense de ascendencia chilena Gordon Matta-Clark. Foto:  cortesía de Leonardo Moyano.

La edificación era demolida como parte de un proyecto de renovación urbanística. Durante este proceso, el gobierno local recurrió al rápido desalojo de las familias residentes.

Al interior de la casa quedaron objetos personales, lo que confirió a la obra una sensación de espacio habitado. En su intervención, el autor partía la casa en dos con una motosierra como señal de lo que divide y desafía el tiempo y la gravedad.

La obra de Moyano tiene el mismo nombre que la de Matta-Clark y es un díptico que debía colocarse con la ilusión de abrirse en el centro y desafiar la gravedad, artilugio que por temas de montaje de la muestra del Salón no pudo ejecutarse.

El trabajo del ecuatoriano con las casas deshabitadas surge desde la posibilidad de señalar un espacio que fue el hogar de una familia y que está por desaparecer. La forma en la que estas propiedades pueden generar un conflicto que se delimita con palabras como “casa en litigio”, a pesar de que su resolución está fuera de ese terreno. 

Para Moyano, esta indagación se trata de una manera de trasladar a lo particular la idea política de las fronteras en un espacio nacional. El artista usa los grises como una estrategia para emular la memoria, una evocación de lo que ya no está, y el amarillo en alusión a las líneas divisorias que fijan las fronteras.

Hace más de una década el autor recorría casas abandonadas para patinarlas. De algunas lo sacaron con disparos, pero en ningún momento de ese recorrido inicial pensó que estaba habitando una parte de su obra futura.

Cuando comenzó sus estudios de arte en el Instituto Tecnológico de Artes del Ecuador (ITAE) también empezó a documentar el sur, junto con su compañero de clase Juan Carlos Vargas y luego con Tyrone Luna.

Los tres conforman, con David Orbea, el colectivo Los Chivox, un grupo de artistas emergentes que hace un año abrieron el espacio Violenta, dedicado al arte en el sur de la ciudad.

La obra de Moyano registra la evidencia del humano sobre las construcciones. No le interesa representar al hombre porque considera que ha sido demasiado trabajado, más bien quiere mostrar sus huellas en la cotidianidad.

Su trabajo, además, está alimentado por el único estilo de música que escucha, el punk. “Mi obra sí se ve nutrida por conceptos, por ideología del punk. Varios de los títulos que tienen mis trabajos son sacados de canciones punk. A mí, no me gusta decir que soy ecuatoriano solo por enmarcarme en un territorio, no me interesa el patriotismo, no me considero anarquista, lo critico también  porque este es un mundo capitalista. Mi obra emula la precariedad, la destrucción de la sociedad”, dice el autor.

El segundo lugar del Salón, a través del cual se otorga $ 5.000, fue para la obra Estudio de las redes sociales y demás efectos del Déjá vu, del artista Joel Ramírez. El tercero, con $ 3.000, fue para Javier Quinapanta por su trabajo Devenir Inevitable. 

El jurado de selección y premiación estuvo conformado por Martha Rizzo, de Ecuador; María Custoja, de España; y, Francoise Limouzine, de Argentina.

Estos se encargaron de escoger de entre 108 muestras de artistas locales, nacionales y extranjeros. La selección final se hizo con 32 obras que son exhibidas, junto con las ganadoras, en el Centro Cultural de Machala hasta el próximo 25 de julio. (I) 

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